Es curioso cómo una niña natural puede convertirse en un intento de cruel vampiresa (o digamos en adicta al juego del flirteo). ¿Cómo es que un soñador se transforma en un insomne desilusionado y cómo es que un amargado puede convertirse en un tipo que vive cada día como si fuese el último de su tía? Son misterios cuya respuesta está muy lejana a mi poco entendimiento, y por ello seguirán siendo tan incomprensibles para mí como la música digitalizada o las ondas de televisión. Por eso no debe sorprenderte que me enamore de la persona equivocada o si soy el ideal equivocado de una enamorada. ¿La primera me querría si yo no le hiciera caso? ¿La segunda me dejaría de querer en el momento en que yo la quisiera? No lo sé, el caso es que la situación no es así. Y aquí estoy, tratando de plasmar confusiones en un papel. Alguien piensa que soy el padre de la teoría de la negatividad, pero hay más negativos que yo en este mundo. Yo sólo apunto al absurdo, no me quejo, ya no tengo ánimos para ello, pero tampoco tengo la indiferencia suficiente para cruzarme de brazos y no sentir ni mirar nada. Ahora sólo existo cartesianamente en base a mis dudas. Sólo observo mientras voy perdiendo mi capacidad de narrar. Yo es otro, y ya no encuentro al que fui. ¿Soy un desenfocado reflejo de mi ayer? No sé por qué sigo diciendo cosas igual y sin sentido, o quizá más coherentes que antes. A lo mejor (o a lo peor) mi sueño ya tiene horarios y soy como la mayoría. Igual y ya me perdí y no existe el semejante que me cure. Si alguna vez brillé, me eclipsó una luz mucho mayor, o de plano me tragó la oscuridad. No lo sé. Estoy como para tocar el Blues de la vaca enfaldada, pero nunca dominé la guitarra. Después de todo esto ¿en dónde quedé yo?
martes, 3 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Sobriedad
Noches de alturas, hasta creer llegar cerca de la estrella más alejada y brillante, viva en apariencia. Decencia sometida, sepultada el armario cavernario. Bestialidad con tintes de cultura. El espíritu del vino lejos de ser como los cerdos bíblicos que vuelan por un precipicio, se convierte en el emperador de lo que solía dominar la razón. El rey feo sin carnaval. Amanecer, en el fondo del Gran Cañón, disparado a la realidad con sentimientos de culpa y persecución. Tinieblas a pesar del sol. Más de uno puede ser un espía o un vigilante, varios son inquisidores y jueces que condenan con severidad. La conciencia sale del armario para atestiguar los estropicios. Las acciones recientes, inconscientes y algunas olvidadas, bloqueadas; pero en el fondo están allí reclamado o burlando, apoyando a los jueces mencionados, que no faltan y nos hacen recordar lo que ahora quisiéramos no haber hecho. Maldecimos la falsa puerta de salida y la dolorosa caída. Ese truco ya no es efectivo para darle el esquinazo a la rutina, al peso de los días, al sinsentido obligado. Sueños de fuga que en realidad son pesadillas. Temor a la noche, terror al día. Los amigos se van yendo, poco a poco, o uno se aparta de ellos; el tiempo sólo sirve para alejarse de los demás y acercarnos al final. No hay muchas opciones al parecer: el autoengaño, las flores del mal o pisar el acelerador; sólo dos si ya comiste del fruto prohibido del jardín de Dios. Ninguna conviene realmente. Hasta la siguiente mentira, de boleto ficticio y velo ante los ojos, de locura artificial, de engaño al carcelero de la moral, pero siempre las facturas se pagan a la mañana siguiente.
martes, 27 de julio de 2010
Todo se va
Hay trucos de magia. Siempre. Gente que aparece mientras otra se desvanece con el paso de las horas, de los días, de las tristezas y de las alegrías. Puede que sea cierto que las personas somos como barcos que se encuentran en el mar, a veces en algún puerto, conviviendo por un lapso, más o menos largo; otras encontrándose en mar abierto; naves que se saludan un instante y siguen su camino. Al final todo se va, todos nos vamos; unas veces con posibilidades de reencuentro y otra, la definitiva, para perdernos mutuamente por el resto de lo que llamamos tiempo. Los lazos de sangre son accidentales. Los lazos afectivos son selectivos. Nada dura para siempre y al final, se encuentra la separación. Quisiera que hubiera una excepción a esta regla, una sola y sólamente una vez. Sin embargo... me embarga la pena. Hay trucos de magia que no divierten y que uno quisiera negar, pero allí están. Al final siempre llega el desvaneciemiento y luego el olvido. Carpe diem para dar carpetazo definitivo y aceptar que la vida es así.
domingo, 4 de julio de 2010
Como...
Como la estatua de un perro esperando el llamado de su amo, vivía el caballero que buscaba a la princesa encantada de sus sueños. Como la flor que se marchita a la orilla de un lago, estaba la damisela prefabricada esperando a su caballero armado. Como ratón extraviado, calculando los recovecos del laberinto, estaba la mujer razonable tratando de descifrar su destino. Y yo con una parte de cada uno de ellos, dejé de querer estar contigo.
Como el prófugo con alas que no resistió la atracción del sol, vivía el aventurero sin aventuras tratando de atrapar la sombra de su ilusión. Como el matemático desesperado cansado del tiempo transcurrido antes del resultado, pasaba los días el amante calculador tratando de revivir su pasado. Como el cordero dependiente de su imponente pastor en el campo, estaba la niña crecida fingiendo liberarse de una gran figura. Y yo dejé de creer que junto a ti llegaría a mi sepultura.
Como el malabarista concentrado en su acto a la mitad de una tormenta, continuaba su vida de casada la señorita perpetua. Como el vecino envidioso que desea todo lo que no tiene, vivía el que decía que estar a dieta no impide dejar de ver. Como el blanco que se asolea a diario para cambiar su calor, estaba la chica moderna de piernas abiertas tratando de hallar el amor. Y yo, a pesar de lo que por ti aún siento, viajo en el tren en el que hubiera querido viajar contigo.
Como el prófugo con alas que no resistió la atracción del sol, vivía el aventurero sin aventuras tratando de atrapar la sombra de su ilusión. Como el matemático desesperado cansado del tiempo transcurrido antes del resultado, pasaba los días el amante calculador tratando de revivir su pasado. Como el cordero dependiente de su imponente pastor en el campo, estaba la niña crecida fingiendo liberarse de una gran figura. Y yo dejé de creer que junto a ti llegaría a mi sepultura.
Como el malabarista concentrado en su acto a la mitad de una tormenta, continuaba su vida de casada la señorita perpetua. Como el vecino envidioso que desea todo lo que no tiene, vivía el que decía que estar a dieta no impide dejar de ver. Como el blanco que se asolea a diario para cambiar su calor, estaba la chica moderna de piernas abiertas tratando de hallar el amor. Y yo, a pesar de lo que por ti aún siento, viajo en el tren en el que hubiera querido viajar contigo.
lunes, 28 de junio de 2010
Ya no me va
Ya no me va. Ser el recuerdo de carne y hueso que necesitas cada que estás sola en compañía. No, ya no me va ser el perro sin correa que acude siempre a tus llamados, ni el niñero que cuida tu cordura en una cuna cuando sales a correr o a ser perseguida. Hoy dejaré de ser el esclavo del deseo insatisfecho; el títere de la belleza cruel y del desprecio. Declaro mi independencia y el no va más. Ya no me va. Estar en las noches solo mientras compartes otra cama. Ser tu ilusión mientras vives otras realidades. Ya no quiero alimentarme con las sobras de tu tiempo. Lo siento, ya no me va nada de esto. Ya no me va. Ser fiel a lo irrealizable, la construcción de quimeras en nubes de imposible, mientras dejo pasar tranvías que pudieran acercarme a la felicidad. Ya no me va. Montar de nuevo escenitas de celos, ni morirme de hambre ante las puertas del Cielo. Ser el blanco predilecto de tu negro odio por la humanidad. En serio, ya no me va. Ser el cazador de lobos en el condado de tu cadera, ni el mosquetero negado de tu entrepierna. No me va ser el que espera desquiciado en el quicio de tu puerta, inexorablemente atraído por tu belleza. Me hubiese gustado que las cosas tuvieran otro rumbo. Quizá mi error fue compartirte el timón. Ahora saltaré del navío antes del naufragio, contigo ya habido suficiente daño. Por eso me despido diciendo: “no va más”.
miércoles, 23 de junio de 2010
No eres tú, fuimos los dos
Empezar a hablar acerca de sucesos recientes suele inhabilitar el freno de las palabras, entonces -como en las peleas- se dice más de lo que se quiere decir y se tiende a cometer errores quedando un mal sabor y la necesidad de pedir disculpas. La historia es una ciencia exacta, o lo sería si no fuera casi siempre la versión de los vencedores. Cuando las relaciones humanas se contagian del virus de la guerra se llega más rápido a la meta del carajo. Siempre pensé que dos personas que se llevaron bien o que incluso se quisieron, no deberían terminar odiándose; sin embargo ese final es tan común como el mal gusto y la idiotez. Siempre es triste sentir que se termina algo que se pensó tuvo tintes buenos, es más triste cuando parece que todo fue un espejismo, un abuso, mentira y mascarada (o al menos eso se dice en la discusión final... ¿guardar figura?). Guardar figura por parte de ambos bandos, cuando en realidad no había nada que guardar, las cartas estaban sobre la mesa, las manos buenas y aún así las mangas atiborradas de cartas. Se pierden los valores que nos deslumbraban en un principio, y en los últimos días esas características se convierten, como por arte de oscura magia, en defectos insoportables. Rencores, recriminaciones y las faltas magnificadas (incluso las magníficamente grandes). Del amor al odio hay un paso, si es que ambos sentimientos no guardan muchas veces algo del otro, y a veces cuando no son tan fuertes, la línea que los divide es tan tenue que se puede cruzar en cualquier momento. Y si en la furia se habla mucho de más, lo mejor sería callar en la primera fase del enojo y volver a abrir la boca hasta pasada la tormenta, si es que fuera necesario. ¡Pero nah!, somos humanos, y eso dizque nos hace mejores que las bestias. Hablamos de más, insultamos en exceso, nos dolemos y lastimamos, tan fácilmente como respiramos. Bla, bla, bla... para muestra este botón.
lunes, 14 de junio de 2010
El profeta de las piedras
Caminaba yo sin rumbo, por un desierto, cuando me topé con el profeta de las piedras en plena acción divulgadora. Decidí actuar como sus oyentes, y en quietud, sacando de mi mochila el profundo silencio, lo escuché. “En muchas ocasiones (la mayoría de las veces) los oprimidos sólo se comportan bien con quien los oprime, pues cuando llegan a encontrar a alguien que los compadece sinceramente, suelen aprovechar la oportunidad y deciden patearlo sólo para saber qué se siente ser poderosos”. Ante tan brutal declaración pensé que iba a suceder algo, pero nada, todos los oyentes continuamos oyendo con atención. “Nunca seas la persona más correcta con tu pareja, pues las personas suelen buscar alguien que las maltrate y les cueste trabajo, revisen sus pasados y díganme si no es verdad. Aquel autor que busca inspiración en sus obras pasadas, se puede dar ya por muerto”. En ese momento descubrí que el profeta no sólo estaba amargado, sino que también plagiaba a Raymond Chandler. Entonces, aunque aceptaba que en algo tenía razón el profeta de las piedras, decidí no ser otro mineral y me fui de allí. Alguien me dijo que el profeta aún sigue predicando en algunos desiertos.
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