miércoles, 4 de mayo de 2011

La fe mueve montañas

A pesar de pedir deseos cuando llueven estrellas, y de creer para alcanzar basta con decidirse, trato de esforzarme por importarte, trato de saber en qué sueles pensar. Pero todo se queda en vanos esfuerzos, en agua deshidratada en polvo, al final cada día para mí es la espera de un mañana. La fe puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón. He creído en tu belleza interna y la externa convencería a los ojos del propio Santo Tomás, sobrio o tomado. He creído en la fuerza de la paciencia, en las jodas de Job, pero ¿qué hacer si no estás dispuesta a nada conmigo? Disfruto el tiempo que estoy contigo; por ti vendí casi toda mi alma, y Mefistófeles me sale con que no hay devolución ni garantía. La fe puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón. De nada me sirvió la fe activa de los budistas, de menos me sirvió la ceguera de los cristianos. Poco pudieron hacer por mí las nuevas sectas y por llegar al final no pude ser parte de los iniciados; en vez de eso acabé terminado. Las flores que te di siempre estuvieron muertas, tus oídos sólo perciben tus propios lamentos; aunque ¿a quién le gusta disfrutar con lamentos ajenos? Ojalá pudiera decir que no te amo, pero en vez de olvidarte pienso en ti a cada rato. Dicen que las cosas por algo pasan y que la fe puede mover montañas, pero no pude mover ni un poquito tu corazón. Tu templo está bien cerrado para mí, echaste los cerrojos y perdiste la llave. No puedo más que compadecer al que te amó antes que yo, y también al que te ame después de mí. La fe puede hacer milagros, e incluso puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón.

domingo, 3 de abril de 2011

Cómo me siento

Como una firma sobre el agua, el cazador en un museo, un soldado sin guerra o un hedonista austero. Sin importar sitio ni tiempo, tal como ellos me siento.

Un presidente intranquilo, el cristiano sin cruz, un pueblo sin habitantes o un místico sin luz. Un músico sin ritmo, el regalo por obligación, un cero a la izquierda o el poeta sin corazón.

Un gamberro con modales, la novia amarillenta, una anarquía sin leyes, un moribundo que espera. La muerte entre los inmortales, un holgazán sin sueño. Perdiendo todo a cada momento, así es como me siento.

Como el líder sin carisma, un aparedor vacío, el gladiador sin fuerzas, como conductor sin rumbo fijo. Un camino sin viajeros, una adivina sin futuro, el pistolero lento, el sacerdote impuro.

Un fanfarrón sin habla, una duda en la verdad, una comida sin sabor, el hombre sin libertad. Inútil al cien por ciento, así es como me siento.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Flotando con gravedad

Perdido en la lluvia de cuervos, dejando de lado los dados cargados y los encargos dados. Perdido en mis ilusiones de falsedad, que preferí a lo real de las cosas, tratando de ganarme la amistad del ratón blanco para poder salir de ésta. Soñando que no era ella en quien soñaba, pensando que el error se cometió a pesar de la claridad, intentando recordar cómo se olvida, para no recordarla; así es como están las cosas flotando con gravedad. No me creo lo que dicen que dijeron las cartas, ni me creo lo que con luz tartamuda me dicen las estrellas fijas, no me creo las verdades que me digo, mucho menos creo ya en mis mentiras. Llorando como el niño pequeño, sin ganas y por mero compromiso; tratando de entender qué fue lo que no salió bien desde el inicio de los tiempos; haciendo como si la historia no hubiese sido un histeria, tratando de no compararme con ese ni con aquél. Queriendo recordar cómo se supone que era yo, imaginando el personaje que quise siempre ser; evitando demandarme a mí mismo por impostura; obviando las cosas que me enseñaron en la escuela. No me creo que la culpa haya sido sólo mía; ni me creo que ella deba cargar una cruz; esperando volver a toparme con el sentido de la libertad; así es como están las cosas flotando con gravedad.

viernes, 18 de febrero de 2011

Fin

Ese destrozo desastroso que nos dejó destazados. La tormenta, a veces rápida, a veces lenta, que nos dejó vacíos y fríos, aunque ya muy (re)volcados estábamos para entonces. Sin crédito y sin credibilidad. Imposible intercabio de palabras. Final. El rencor pesaba más que el pesado pasado, convirtiéndose en un lastre aniquilador para el futuro. Los límites habían sido todos cruzados, y en esas cruzas se engendraron monstruos cada vez más feos. ¿Por qué si es lo mejor, se siente uno tan mal? Al fin nos comprendimos, se necesitó para ello más odio que cariño. El rosario de abusos fue demasiado, los rencores alcanzaron marcas mundiales. Hundimiento conjunto hasta el fondo del mar, más allá de donde llegó el capitán Nemo. Final. Golpes de todo tipo, los más dolorosos fueron aquellos que se llevan dentro. Los corazónes permanecieron mucho en el suelo. Sin funeral, pero se lleva el duelo. Las disculpas y perdones estaban demasiado desbordados como para ser aceptados. Las caras dobles cobraron factura. Jano jodido. El final. El mundo ahora me asusta, eché a perder mi gran conexión. Ahora floto en una soledad abrumadora, sin faro ni estrella. No es autocompasión, simplemente un abismal arrepentimiento. Cortado el cordón umbilical de la codependencia, siempre queda un sabor a extravío. No hay de otra que aprender a vivir de nuevo.

jueves, 3 de febrero de 2011

Gracias Dr. Luja

Una vida plena. Me demostraste con el ejemplo, antifariseo, que el éxito es personal y no tipificado masivo establecido. Al final, pasar por esta vida debe ser vivir y no ser una sombra gris. Vivir, como lo hiciste ‘a tu manera’. Al final algo queda, cuando el que vivió se va y la ausencia se resiente. No siempre te entendí, pero hice todo lo posible para respetarte. En la balanza de la imperfección natural, pesan más tus cualidades que los defectos que tuviste. Ahora sólo me entistece tu ausencia, pero me alegra que hayas cumplido tu ciclo, de manera tan completa. Parafraseando tu tango, 70 años son muchos, y nada a la vez; ahora probablemente no te veamos ‘volver’. No hay mucho que decir además de “gracias”. Si las cosas siguen después del último día, te deseo buen viaje, y hasta la vista. Te quiero.

martes, 25 de enero de 2011

Cavemos una tumba

Cavemos una tumba en la cual arrojar con rabia nuestros cuestionamientos, donde se vayan a sepultar nuestras dudas, donde se acabe de pudrir nuestra inteligencia; y liberados miremos hacia arriba donde siempre habrá un tipo listo al cual ofrecer nuestras existencias y que nos dirá qué hacer con tal que nos portemos bien. Cavemos una tumba para guardar allí nuestro empeño, que quede bien enterrada nuestra voluntad; pongamos la vista perdida en el horizonte y creamos que por arte de magia existe el “vivieron felices para siempre”. Conquistemos a alguien y quedémonos estáticos, llamemos a eso “amor”. Movámonos ya sólo cuando se nos ordene, siempre y cuando las órdenes estén barnizadas de libertad. Callémonos salvo en las ocasiones que nuestras ideas impropias sean las mismas de los demás. Cavemos una tumba bien profunda en la que sepultaremos el bien común, veamos sólo por nosotros, ignoremos a los demás, que cada quien se rasque ahora con sus propias uñas y fiémonos únicamente del gran hermano que nos protege y vigila. Cavemos una tumba que sea gruesa, para que al final también durmamos en ella; muy gruesa y profunda para que quepamos, pues nuestras tallas serán enormes gracias a tanta comida chatarra y vida sedentaria. Cavemos una tumba y arrojémonos de una vez allí, porque da lo mismo morir que estar muertos en vida.

martes, 18 de enero de 2011

"Ésta es mi película"

“Luces, cámara e inacción”… La película era suya, dirección y producción. Experimental porque se escribía sobre la marcha y a marchas semiforzadas. Esas cosas raras de la década de 1960 revividas 40 años después. “Es mi película, así que harás lo que diga”. Directora dictadora y con acentos fascistas. El resto del mundo fueron los personajes secundarios y toda la geografía global universal era el escenario. Monigotes entraban y salían, locaciones extravagantes, viajes desperdiciados. pasaportes sellados hasta la saciedad. El guión se iba creando de acuerdo con el humor que tuviera ese día. Improvisación ciega, visceral. A veces era un drama, lo que se filmaba, otras una comedia, las más de las veces era un amasijo amorfo, cada vez con menos amor, y todo pareció ser una montaña rusa sin sentido y que inspiraba náuseas. “Corte, se repite”. Va de nuevo, la escena que no funcionaba, y que cada vez que se repetía salía peor la cosa. Se ensayaba pero los errores fueron horrores y peores que las pruebas. Los extras desfilaban, y los protagónicos perdían fuerza, se quedaban por ese amor al arte, ya mentado, y desmontado, pero el cansancio fue alimentándoles el desamor. Los personajes se confundían, la víctima se mezclaba con la personalidad del verdugo y la verdura era más roca que fruta. “¡Aghhhh!”, era el grito de frustración. No hubo reemplazos mientras estuvo vigente el tácito contrato que nadie firmó. Todo había sido por amor, por ese amor que brillaba, pero por su ausencia. Ningún estudio quiso dar apoyo tras ver el fracaso asegurado y el abismo sin fondo en que se metió el último patrocinador que se ambarcó en el proyecto. “Corte y queda”, era la orden que menos se escuchaba durante los últimos días. Todos envejecieron y abandonaron el sueño. El resultado fueron kilómetros y kilómetros de pietaje enlatado en alguna bodega perdida. No hubo estreno ni alfombra roja, mucho menos osos en Berlín, desinfladeces de oro, palmas en Cannes ni Oscars en Hollywood. El orgullo se perdió. Nadie vio nada, ni lo verá. Otro gran proyecto enfrascado en el fracaso de lo que el cero representa.