miércoles, 11 de mayo de 2011

El ejército de puristas

Marcha el ejército de puristas, esos que se creen perfectos, pateando al cojo que no eligió su condición, sólo porque pueden andar en dos patas, pero jamás aceptan que ellos igual se tropiezan. Lanzan piedras, hasta formar una tupida lluvia mineral; construyen cruces para divertirse clavando gente en ellas, luego cuando se aburren instituyen mártires y así sienten que aplacan sus culpas. Critican lo que no entienden y sepultan hondo al que consideran ignorante (por lo general es aquel que no entiende la corriente absurda impuesta). Así marcha el ejército de puristas, apurado por llegar a ninguna parte. Cada elemento viviendo una terrible soledad interna, por eso marchan en grupo, es su manera de sentirse alguien, en la pertenencia de su malnacida manada. Apuntan sus dedos de jueces al que no va a su ritmo, critican, condenan y abusan, todo con el derecho que se otorgan a sí mismos, pues se sienten elegidos de Dios. Así se la vive el ejército de puristas, tan institucional, tan formal (dehido y devenido) conservando sus putrefactos cadáveres idolatrados, marchan asépticos y sintiéndose vacunados con todo lo que les parece ajeno. Tan perfectos, son serpientes que devoran su cola, para tener un ciclo de nunca acabar. En el fondo saben que su perfección es una mera fantasía, pero marchan juntos para convencerse de lo contrario. Son tantos, pero tantísimos, que igual por eso tienen el mango de la sartén. Todos terminaremos quemados, mientras tanto ellos sueñan marchando, rezando a un dios inventado, contagiando a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Perpetuando el ciclo... hasta que salga el puerquito a decir: “Eso es todo amigos”.

domingo, 8 de mayo de 2011

Camino a la perdición

Prometer no empobrece y tú pareces gobernante, la emperatriz del país del ‘puede ser’. Abres tu blusa, levantas tu falda y yo me quedo 40 días en un desierto sin Dios. El arca sale sobrando, no hay más animal que yo. Con estrategia acomodas silencios, con tierna voz los rompes para expresar tu cariño. Aunque sé que todo es falso y no conduce a ningún lado, como rata tras flautista encantador te sigo hacia mi perdición. En la lejanía todo me parece tan claro, pero en tu cercanía mis resoluciones se van al fondo del mar. No sé si es tu piel, tus ojos o tu perfume; quizá todo en conjunto provoca que yo deje de pensar. A pesar del daño te sigo queriendo mucho, a pesar del veneno quiero vivir por ti. Esto suena a viejo bolero, a dilema perpetuo de la humanidad. Si el mundo entero necesita al más tonto, no busquen más lejos y piensen en mí. Sólo podría ser rescatado si me traga una ballena, o si el barco donde viajo es llevado hasta el sol. ¿Cómo es posible estar tan consciente y correr hacia la perdición?

miércoles, 4 de mayo de 2011

La fe mueve montañas

A pesar de pedir deseos cuando llueven estrellas, y de creer para alcanzar basta con decidirse, trato de esforzarme por importarte, trato de saber en qué sueles pensar. Pero todo se queda en vanos esfuerzos, en agua deshidratada en polvo, al final cada día para mí es la espera de un mañana. La fe puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón. He creído en tu belleza interna y la externa convencería a los ojos del propio Santo Tomás, sobrio o tomado. He creído en la fuerza de la paciencia, en las jodas de Job, pero ¿qué hacer si no estás dispuesta a nada conmigo? Disfruto el tiempo que estoy contigo; por ti vendí casi toda mi alma, y Mefistófeles me sale con que no hay devolución ni garantía. La fe puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón. De nada me sirvió la fe activa de los budistas, de menos me sirvió la ceguera de los cristianos. Poco pudieron hacer por mí las nuevas sectas y por llegar al final no pude ser parte de los iniciados; en vez de eso acabé terminado. Las flores que te di siempre estuvieron muertas, tus oídos sólo perciben tus propios lamentos; aunque ¿a quién le gusta disfrutar con lamentos ajenos? Ojalá pudiera decir que no te amo, pero en vez de olvidarte pienso en ti a cada rato. Dicen que las cosas por algo pasan y que la fe puede mover montañas, pero no pude mover ni un poquito tu corazón. Tu templo está bien cerrado para mí, echaste los cerrojos y perdiste la llave. No puedo más que compadecer al que te amó antes que yo, y también al que te ame después de mí. La fe puede hacer milagros, e incluso puede mover montañas, pero no puede mover ni un poquito tu corazón.

domingo, 3 de abril de 2011

Cómo me siento

Como una firma sobre el agua, el cazador en un museo, un soldado sin guerra o un hedonista austero. Sin importar sitio ni tiempo, tal como ellos me siento.

Un presidente intranquilo, el cristiano sin cruz, un pueblo sin habitantes o un místico sin luz. Un músico sin ritmo, el regalo por obligación, un cero a la izquierda o el poeta sin corazón.

Un gamberro con modales, la novia amarillenta, una anarquía sin leyes, un moribundo que espera. La muerte entre los inmortales, un holgazán sin sueño. Perdiendo todo a cada momento, así es como me siento.

Como el líder sin carisma, un aparedor vacío, el gladiador sin fuerzas, como conductor sin rumbo fijo. Un camino sin viajeros, una adivina sin futuro, el pistolero lento, el sacerdote impuro.

Un fanfarrón sin habla, una duda en la verdad, una comida sin sabor, el hombre sin libertad. Inútil al cien por ciento, así es como me siento.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Flotando con gravedad

Perdido en la lluvia de cuervos, dejando de lado los dados cargados y los encargos dados. Perdido en mis ilusiones de falsedad, que preferí a lo real de las cosas, tratando de ganarme la amistad del ratón blanco para poder salir de ésta. Soñando que no era ella en quien soñaba, pensando que el error se cometió a pesar de la claridad, intentando recordar cómo se olvida, para no recordarla; así es como están las cosas flotando con gravedad. No me creo lo que dicen que dijeron las cartas, ni me creo lo que con luz tartamuda me dicen las estrellas fijas, no me creo las verdades que me digo, mucho menos creo ya en mis mentiras. Llorando como el niño pequeño, sin ganas y por mero compromiso; tratando de entender qué fue lo que no salió bien desde el inicio de los tiempos; haciendo como si la historia no hubiese sido un histeria, tratando de no compararme con ese ni con aquél. Queriendo recordar cómo se supone que era yo, imaginando el personaje que quise siempre ser; evitando demandarme a mí mismo por impostura; obviando las cosas que me enseñaron en la escuela. No me creo que la culpa haya sido sólo mía; ni me creo que ella deba cargar una cruz; esperando volver a toparme con el sentido de la libertad; así es como están las cosas flotando con gravedad.

viernes, 18 de febrero de 2011

Fin

Ese destrozo desastroso que nos dejó destazados. La tormenta, a veces rápida, a veces lenta, que nos dejó vacíos y fríos, aunque ya muy (re)volcados estábamos para entonces. Sin crédito y sin credibilidad. Imposible intercabio de palabras. Final. El rencor pesaba más que el pesado pasado, convirtiéndose en un lastre aniquilador para el futuro. Los límites habían sido todos cruzados, y en esas cruzas se engendraron monstruos cada vez más feos. ¿Por qué si es lo mejor, se siente uno tan mal? Al fin nos comprendimos, se necesitó para ello más odio que cariño. El rosario de abusos fue demasiado, los rencores alcanzaron marcas mundiales. Hundimiento conjunto hasta el fondo del mar, más allá de donde llegó el capitán Nemo. Final. Golpes de todo tipo, los más dolorosos fueron aquellos que se llevan dentro. Los corazónes permanecieron mucho en el suelo. Sin funeral, pero se lleva el duelo. Las disculpas y perdones estaban demasiado desbordados como para ser aceptados. Las caras dobles cobraron factura. Jano jodido. El final. El mundo ahora me asusta, eché a perder mi gran conexión. Ahora floto en una soledad abrumadora, sin faro ni estrella. No es autocompasión, simplemente un abismal arrepentimiento. Cortado el cordón umbilical de la codependencia, siempre queda un sabor a extravío. No hay de otra que aprender a vivir de nuevo.

jueves, 3 de febrero de 2011

Gracias Dr. Luja

Una vida plena. Me demostraste con el ejemplo, antifariseo, que el éxito es personal y no tipificado masivo establecido. Al final, pasar por esta vida debe ser vivir y no ser una sombra gris. Vivir, como lo hiciste ‘a tu manera’. Al final algo queda, cuando el que vivió se va y la ausencia se resiente. No siempre te entendí, pero hice todo lo posible para respetarte. En la balanza de la imperfección natural, pesan más tus cualidades que los defectos que tuviste. Ahora sólo me entistece tu ausencia, pero me alegra que hayas cumplido tu ciclo, de manera tan completa. Parafraseando tu tango, 70 años son muchos, y nada a la vez; ahora probablemente no te veamos ‘volver’. No hay mucho que decir además de “gracias”. Si las cosas siguen después del último día, te deseo buen viaje, y hasta la vista. Te quiero.