miércoles, 2 de julio de 2008
Novelas
sábado, 31 de mayo de 2008
La segunda parte de Lo que el viento se llevó
Entre Alexandra Ripley y Donald McCaig, lo que el viento se llevó se está pareciendo un poco a Star Wars. Parece que a los seres humanos nos gustan las cosas terminadas, los finales definitivos, pero cuando los tenemos muy cercanos a la perfección queremos saber qué más pasa, hasta que caemos en el desencanto y nos decimos ¿por qué lo hicieron? Lo que el viento se llevó es una de las mejores novelas que he leído, es curioso que sin grandes aspiraciones literarias Margaret Mitchell haya logrado una de las obras más interesantes acerca de una relación tormentosa, a veces tan borrascosa como ciertas cumbres, que tenía un excelente final. Sin embargo la gente acostumbrada a la comida enlatada, a las decisiones tomadas y a ser pastoreadas; o bien uno que otro curioso que quiere saber qué Alicias hay del otro lado del espejo, siempre caerán en la trampa. No niego que la tentación por saber qué sucede con Rhett y con Scarlett a veces me ataca, pero creo que se sobreentiende que él se va para no regresar y la historia original era el universo que empezaba con el encuentro y terminaba con el desencuentro. ¿Para qué querer más? Luego nos quejamos que caímos como soldaditos de plomo en la alcantarilla cuando Indiana Jones es un anciano que apenas puede con su alma y tiene un encuentro cercano del tercer tipo con el mero fin de vendernos una tramposa franquicia, maquinita para hacer dinero. Como los buenos jugadores (que creo que no existen) hay que saber cuándo pedir más cartas y cuándo retirarse.
martes, 29 de abril de 2008
Pensamiento cursi sin cursivas
lunes, 31 de marzo de 2008
The Scarlett Letter
Te pido disculpas por ser una mezcla de Ashley y de Rhett es partes desiguales. El cuasimodo que camina derecho y no sabe ni siquiera tocar la puerta. Lamento no haber robado peras de un jardín y que no me haya dejado crucificar a los 33. Hice lo que pude, y si no estuvo bien, lo siento, no pude haberlo hecho de otra manera. Las cosas no se pueden cambiar. Tu lema fue “Así será, proteste quien proteste”, pero yo no tengo un reino ni una reina a la cual despreciar, y mucho menos una Iglesia que fundar. Fuiste la directora y estrella de tu propia película, yo sólo fui el extra que apareció de mesero entregándote la cuenta, y tú ni te percataste. Fui un admirador tuyo que en un sueño loco quiso ser admirado. Perdón por no haber podido resucitar el mar muerto por ti, ni cambiarle el color al mar rojo. Fui el octavo enano de tu cabaña; tu apóstol 13, que hizo mutis por la puerta de servicio, sin haber cenado. Del monte no bajé ni las tablas de multiplicar. Lamento no haber sido el cazador nocturno que en una mano tiene tatuada la palabra “amor” y en la otra “odio”, ese que esperabas que te pusiera en tu lugar con la fuerza que tú siempre dijiste rechazar. Disculpa también por no aceptar tu platónica ilusión, soy de carne y hueso, no un sueño encarnado. Al final me entero de que en nuestra historia no pasó ni el viento. Igual y en el futuro me comprendas completamente, por ahí del 2046. Sólo sé que el amor necesita de mucha coordinación. No basta encontrar a la persona correcta, se requiere también ser el correcto para esa persona; además hay que estar en el momento y en el lugar, oportuno e indicado. Como ves, nada sé. Perdona por el tiempo robado.
Atentamente,
Wilkes Buttler