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jueves, 20 de marzo de 2008

Miracle Mile (Miami)

Cuando vi “Gladiador”, en los tiempos en que se estrenó, recuerdo que el nombre del personaje me sonaba a nalga no marina, pues se llamaba Máximo, Gluteos Máximus, asociación de ideas que tengo desde hace años. Por otro lado, glúteo es una palabra que suena a gorgorismo gorjeante de Gorki o Gogol. Todas palabras rimbombantes y ‘rimbombante’ es en sí otra palabra llena de rimbombancia. Caminaba por Le Jeune road, una de las avenidas importantes de Coral Gables, y creo que de Miami en general, no sé, la botánica y la acupuntura nomás no son mis ciencias, a dos calles de Miracle Mile, quizás no deba, porque no me gustan las deudas, pero hablaré un poco de Miracle Mile. Éste es un tramo, imagino por su nombre que como de una milla (en realidad mide media milla, su nombre nos miente a todos), de una larguísima avenida llamada Coral Way, que va de no-sé-donde hasta quién-sabe-dónde (pero es muy larga, como el tiempo en el sillón del dentista) en esta ciudad llamada Coral Gables. Si consigues mapas y boletines turísticos de Miami, por lo general te toparás con la mención de Miracle Mile. Son tres cuadras donde supuestamente hay tiendas elegantes y que vale la pena conocer por… hmm, pues dizque por las tiendas. Quizás sean elegantes, pero no te esperes encontrar nada de renombre. Hay una librería no-tan-mala y un lugar donde venden burritos, esa comida Tex-Mex que muchos consideran mexicana, que no son nada del otro mundo, ni de éste. La verdad es más la leyenda de Miracle Mile que su realidad. Aunque si lo que buscas son tiendas que ofrezcan vestidos de novia, éste es el lugar que te conviene, al menos por cantidad, pues hay más de cinco de ellas a lo largo de las tres cuadras. También hay una farmacia donde no venden tan cara el agua, ni los cigarros, donde los perfumes de marca suelen estar rebajados, pero que carece de todo lo que le parece ‘chic’ o ‘in’ a la gente. Del lado de Le Jeune road, los sábados he visto que al terminar Miracle Mile se ponen unos puestos donde venden frutas, verduras y cosas naturales, todo a un precio razonable en esta ciudad de precios irrazonables. Es por esa zona donde ocurrió lo que te contaré. Venía caminando por Le Jeune road, en dirección al sur, cuando a una calle antes de llegar a Miracle Mile (prometo ya no mencionar de nuevo ese nombre) vi que en la esquina se agrupaba un grupo de gente, mirando algo que estaba tirado y que se quejaba. Crucé la calle, y al notar que ese algo en el suelo era una persona aullando de dolor, me imaginé que un auto la había arrollado, que con algo de trabajo había llegado hasta la esquina para ponerse a salvo y que allí yacía ahora doliéndose de un atropello (literalmente hablando). Se me hizo extraño, con lo ‘eficientes’ que son los servicios en este lugar, que no hubieran detenido al cafre culpable y que no hubieran llegado ya las ambulancias y los policías, e incluso que lo hubieran linchado si se apellidaba Castro. Además, si eso hubiera ocurrido muy recientemente, como parecía, yo habría alcanzado a ver al culpable huyendo y el alboroto por tratar de atraparlo, pero nada de eso había ocurrido. Mi camino me obligaba a pasar por la esquina de la adolorida, y eso me permitió ver qué sucedía. Mucha gente estaba reuniéndose preocupada ante la mujer tirada. Algunas personas llamaban a los servicios de emergencia desde su celular. Algo así en mi país hubiera indicado seguro que algún mal conductor tras atropellar a alguien se dio a la fuga, pero no, éste es primer mundo y la fulana estaba tirada allí, en ropa deportiva, gritando de dolor y sobándose el glúteo izquierdo, porque había sufrido un repentino calambre que le impedía caminar. Sin sangre ni herida, sólo una parte del cuerpo acalambrada. Para detener así el tránsito peatonal en mi país necesitas tener de menos cuatro huesos rotos o las tripas de fuera (regadas por el pavimento), aquí basta que te duela mucho aquella parte del cuerpo que dio nombre a un gladiador del cine. Ahora veo que las cosas cambian según las latitudes y yo me sigo sintiendo tan extranjero aquí como en mi país de origen.

Comentario al margen del pie, totalmente descalzo: La vez pasada mencioné un libro de Guillermo Arriaga (el mismo que escribió Amores perros, Babel y El búfalo de la noche) que estoy empezando a leer, se titula Un dulce olor a muerte. Me está gustando, lo que he leído de Arriaga me ha gustado, porque retrata muy bien situaciones y maneras de hablar de los mexicanos. Me encanta la narrativa de ese autor, es muy natural y fluida, como mantequilla en sartén caliente. Se trata de un cadáver encontrado. Por lo menos lo que llevo leído me está gustando. El libro que acabo de terminar es Enrique Bunbury, Lo demás es silencio, de Pep Blay, una biografía interesante, y nada tediosa (como suelen ser las biografías), de uno de mis cantantes-compositores favoritos. Allí también se habla de la historia de los Héroes del silencio. Yo a ese grupo lo oía porque le gustaba a todos mis hermanos, pero a mí nomás no me entraba, sus letras me daban flojera. A Bunbury lo descubrí cuando leía un libro de Dostoievsky, creo que era Los hermanos Karamazov. Estaba tendido en una habitación leyendo cuando desde la sala de la casa me llegaron unas notas musicales que me gustaron. Sonaba a algo distinto a lo acostumbrado, fue como mágico. Bajé a ver qué era. En la sala estaban mi hermano y su novia, escuchando Pequeño, el segundo CD solista de Bunbury, de allí salían las melodías encantadoras. Ella era fanática del zaragozano, y cuando pregunté qué estaban escuchando, como anuncio comercial me lanzó un discurso tratando de convencerme de algo que ya me había convencido minutos atrás una tonada sin necesidad de discurso. En fin, tanto el libro sobre Bunbury, como el CD de Bunbury, son altamente recomendables, aunque debo decir que ése no es mi CD favorito de ese cantante, pero me sigue gustando mucho. Bueno, esto nada tenía que ver con calles chic de Miami, Glúteos Máximus Adoloridus, ni cafres en ciudades latinoamericanas, pero es algo que estoy leyendo.

sábado, 8 de marzo de 2008

Génesis indolora, incolora e inconclusa, insípida

De repente todos los diarios privados se hacen públicos. Necesidad urgente de ventilar las innobles partes nobles del alma. Gritar a los cuatro vientos lo que llevamos dentro, e igual terminamos en unas décadas más siendo una abuela condecorada. Admito que fue la abuela bloguera, que nada tiene que ver con un globero, la que me hizo crear esta cosa. Rafagueando mis ideas me pongo a escribir, una génesis nada sutil. Ahora viene lo que diré. Bonita cosa. Puede ser mi alter ego, maniqueo manoteando, en la superficie de una profunda alberca de desesperación. Puede ser mi verdadero yo envalentonado, mal entonado, en el anonimato vil. La mano escondida tras la piedra arrojada. Arrojada fue Vilma, la esposa de Pedro, al haberse casado con ese energúmeno machista, fácilmente manipulado por el 'sexo débil' sin notarlo. Puedo hablar de mi trabajo, que me tiene hasta las manos y me está dejando manco, ciego y sordo, en un estado semivegetativo. Puedo usar este espacio para publicar todos los poemas que no me he atrevido o las cartas que tengo debajo del ropero, colección de mi timidez. Puedo usar esto como aparador de mi 'transformismo', tal como algunas personas muy estimadas dicen que soy. No lo sé, es mi primera vez y esta pérdida de virginidad bloguera sin globito de látex no tiene rumbo definitivo. Ojalá sea el primer paso de los muchos que intento dar en distintos lugares de aquí hasta el día del Juicio Final o el día en que me saquen con los pies por delante en una caja de pino del número 8, Geppeto, Gepetto, Geppetto, GGEEPPEETTOO (uno de esos es el correcto), llorando por su astillada creación. Ay dolor. Suenan a disparates, bienvenidos a mi cabeza, pero no, soy más coherente que esto. Culpen al autor del Búfalo de la noche, hoy empecé una novela suya (autor y título se los comento la próxima) y a la dosis de Cortázar sin cortisona que me refiné anoche. Dije mucho, sin decir nada, en este espacio en el que todos aspiran a sus cinco minutos de fama. Antes para ser leído o conocido, tenías por fuerza que ser alguien sobresaliente. Ahora cualquiera puede lograrlo. Gente sin preparación, sin nada que decir, tiene ejércitos de lectores en espacios como éste. Yo creo que terminaré siendo como el predicador que se va al desierto y que ni las piedras escuchan. Milagro, milagro, las piedras caminan cuando él habla. Uno de estos días, publicaré aquí un cuento. Hoy fui al cine y vi "the other boleyn girl", la otra bolena, o la bolena a la que no le volaron la cabeza. Me mareó un poco esa manera tan especial de manejar la cámara, lo hacen sentir a uno como un Pepe Grillo vouyerista. Culpa al final de la cinta por ver cosas que a uno no le atañen. Ni aunque fuera campana. Es entretenida y me doy cuenta que me gusta más Natalie Portman que Scarlett Johansson. En gustos se rompen madres y géneros, sin generosidad alguna.
Anoche soñé que una amiga muy querida, con la que abruptamente dejé de comunicarme debido a malas comunicaciones etílicas (por favor pídanle a las personas de confianza que les retiren los celulares y teléfonos del alcance de sus manos si es que van a beber alcohol), me llamaba por teléfono para que nos viéramos en un tradicional café (en el que una vez nos encontramos una cucaracha paseando por la pared... ese día la cuenta nos salió gratis, pero desechamos la idea de ir siempre acompañados por una cucaracha para que nunca tuviéramos que pagar... a ambos nos asquean esos bichos), pero miles de cosas me pasaban (me perdía en mi casa que en realidad no era mi casa pero sí era mi casa, ya sabes, como en cualquier sueño, en la calle me daban malas direcciones y el tiempo se consumía como se consumen los carbones) y jamás llegaba a encontrarme con ella. Esta mañana le envié un mensaje de texto por celular, pero creo que lo que no sé que le dije aquella noche ausente absinte le molestó mucho y no me ha contestado. Si alguien adivina quién soy, y la conoce, por favor dígale que la quiero mucho y que la extraño. En verdad es una amiga muy especial.


No es todo por hoy, pero ya se me acaba el tiempo.

Atentamente
Mob Tomasamot