Es probable que haya llegado el momento de renunciar a plasmar en palabras mis pensamientos. Eso se siente siempre que no se tiene nada que decir. La inspiración llega de sorpresa y antes de que me dicte algo digno, se escapa furtivamente y a lo lejos me lanza carcajadas. Es como un ladrón escapista bromista. Hace poco me vi buscando inspiración en mis escritos viejos, esa acción es una lápida para la creatividad. Como el ser que se alimenta de cadáveres o el ex-presidente que contempla sus irrecuperables glorias; aunque yo cadáveres mejor de lejos y glorias sólo las de oblea. El alcohol y algunas sustancias sólo me inspiran pereza o un idiotismo imposible de plasmar en papel (como no sea en papel higiénico). Traté de buscar respuestas en la historia y sólo descubrí que el presente es la misma confusión perpetua. El tiempo es un perpetuo eco de momentos. Es curioso que cuando pensé que podría ser bueno en algo, ese algo se me niega repentinamente para transformarse en otra sombra. Ya no tengo ánimos para descifrar el código, para esclarecer la confusión, retratar la realidad, mofarme del humorismo involuntario, atrapar la poesía o lograr la permanencia. Por eso pondré el piloto automático y me relajaré por lo que resta del viaje. Supongo que era de esperarse en este mundo de lo finito. Pensar en otra cosa es mera soberbia.
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miércoles, 8 de julio de 2009
lunes, 9 de febrero de 2009
Las musas de vacaciones
Cuando el frío asola la ciudad, las musas han empacado sus maletas y con boleto en mano se disponen a vacacionar en bellas playas caribeñas, es mejor no atreverse a escribir nada. Pues no importa que vagues como alma en pena y te encuentres con la mujer tuerta que perdió uno de sus azules ojos por delinearse completamente mientras conducía su flamante auto color incendio; tampoco te servirá de nada que te topes con el conductor animal cuyas maneras de actuar podrían llenar diez tomos bajo el título: ‘de la involución de la infraespecie humanoanimal – subnormalidad aplicada a sucesos de la vida diaria’. No importa, pues nada de eso podrás escribir. No tiene caso que tu corazón lamente a gritos su vacío ni que, por el contrario, esté rebosante de satisfacción, pues sin las musas nada te saldrá bien. Si quisieras exponer las injusticias o las cosas que no deben permanecer ocultas, no podrás hacerlo de manera efectiva mientras ellas estén en la playa. Mejor corre hacia el aeropuerto y cuenta cuántos hombres de negocios llegan y se van, para que puedas matar con algo el tiempo en lo que las musas regresan.
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