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martes, 7 de julio de 2009

Tiempos modernos

Aparecen de nuevo palabras. Pudiera tratarse de otra carta destinada no ser entregada o bien otro intento de poema que termina en fracaso. Quizá sólo sea la indolencia o un retrato del dolor que me produce tu ausencia. La primavera sólo es una cuestión climática para mí y el amor una utopía quijotesca. Vivo en los tiempos en que las negras de cajas de harina para hot cakes dejaron de usar paliacates y en la cabeza lucen ya modernos peinados, pero la cara sonriente de la esclava eficiente es la misma. Son los tiempos en que no se requiere disimular que el dinero vale más que la vida y a nadie le importa que eso le importe a alguien. Son los tiempos en que da lo mismo que exista un Dios o que éste se haya muerto, pues da lo mismo también que nosotros existamos o no. No es amargura, sólo cansancio en indolencia, los cuales nacen en mí por tu ausencia.

miércoles, 15 de abril de 2009

Las ropas de la ausencia

La dolorosa ausencia tiene dos ropajes favoritos, que usa cuando visita a sus víctimas (quienes curiosamente suelen ser las mismas): el de cualquier noche y el de domingo por la tarde. Cuando la dolorosa ausencia se viste de domingo por la tarde hace que el tiempo se sienta inútil y que la espera sea amarga, todo a pesar del sol. Pero tiene una promesa: la rutina próxima del lunes. Cuando la dolorosa ausencia se viste de noche, ataca a sus víctimas con mayor virulencia y además les niega la calidez del sol. El tiempo transcurre lento y su promesa es el amanecer. De las dos vestimentas de dolorosa ausencia no prefiero ninguna, además tengo mis fórmulas para eludirla, sin importar sus ropajes. Los domingos por la tarde suelo escaparme físicamente a los sitios donde el tiempo adquiere su dimensión correcta. Cuando se viste de noche, escapo mentalmente a reinos de otras épocas o de otras dimensiones, o mejor construyo mis propios reinos. Aquí el tiempo adquiere toda dimensión.