La mesa bien puesta y el vaso a medio llenar o medio vaciado, y no es gracioso. El eco retumba como sepultura al cerrarse y el horizonte, aunque luminoso, no parece prometedor. Una princesa y un enano me recuerdan que me he comportado como santo, como pecador y como hijo pródigo. Mi última acción fue el adulterio para con mis principios y la inocencia perdida de mi fe. Ya no sé qué sigue, sólo espero ya no preocuparme tanto. Me recuerdo con el fango del ridículo hasta el cuello compadeciendo a la diva que se descubrió vieja el día de su cumpleaños. Por un lado me hundía y por el otro seguí viendo a todos por encima del hombro. Y sigo sin creer que nadie puede ser juez de sus semejantes. Fui el blanco rosado de muchas flechas de desprecio, pero yo también disparé bastantes de esas. Como Lucifer caí de la gracia de mis seres queridos y eso jamás lo he podido recuperar. Lo malo es que si comenzara de nuevo es muy probable que todo terminara igual. Lo único que espero ya es que cuando la muerte me lleve a su jardín no tenga yo remordimientos por las cosas que omití.
Mostrando entradas con la etiqueta juzgar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juzgar. Mostrar todas las entradas
martes, 17 de marzo de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
Los hermanos Bloco
Cuenta la leyenda, y lamentablemente las leyendas casi nunca pasan las pruebas que la estricta ciencia con su cara larga les hace, que los hermanos Bloco viven juntos en una casona simplemente para presumir que tienen un techo sobre sus calvas cabezas y para no dejarle al otro hermano el derecho de adjudicarse la propiedad. Dicen que esa era la razón por la que ninguno de los dos quiere abandonar la gran casa que su madre les heredó cuando murió. Como buitres testarudos, ansiando que el otro muera, los hermanos Bloco llegaron a convertirse en un par de ancianos amargados, moribundos y pensionados, por el circo estático, al que se fugaron cuando niños, abandonando a su madre, para trabajar en la carpa perpetua que estaba justo enfrente de la casa materna. Ahora se pasan la vida sentados, uno frente al otro, en sendas mecedoras, esperando la llegada de la muerte. Ambos en continuo silencio para no compartir ni siquiera lo que en la existencia habían aprendido. Ambos temblando, porque es invierno, y de sus sillas no se levantan más que para comer e ir al baño. Esta tarde un vecino de ellos pasó por la gran mansión y les dijo: “son una blasfemia existencial, miren que desperdiciar sus vidas de esta manera es algo pecaminoso”, dicho lo cual apresuró el paso para llegara su casa y ponerse a ver televisión durante horas. Cuentan que una noche, de mendigante luna menguante, un empedernido romántico pensó en los Bloco y en la total falta de amor fraternal que había entre ellos. “¿Cómo han podido vivir todo este tiempo sin amar a alguien?”, había exclamado el romántico en lo oscuro de su propia habitación y luego se calló para aguzar el oído en espera de las pisadas de aquella mujer que tanto amó y que lo había abandonado hacía, en ese momento, catorce años, siete meses, cuarenta y cinco horas y tres minutos. Para ser honestos, nadie puede afirmar que los Bloco son infelices, aunque tampoco nadie puede afirmar lo contrario. “Si tan sólo hubieran sido más ambiciosos, hubiesen gozado y hubieran obtenido más de la vida”, dijo el empresario moribundo que esta misma mañana había tenido que abandonar su mansión para ser internado de emergencia en un hospital debido a otro ataque del corazón ocasionado por el estrés. Ese ataque fue el último de su vida. Posiblemente los Bloco serán olvidados, pues no dejarán nada que permita a las generaciones futuras conocerlos. Y eso lo digo yo, quien escribe estas palabras que ni yo mismo creo volver a leer mañana. Bueno, después de todo sólo fue una leyenda.
Etiquetas:
crítica,
juzgar,
leyenda,
los hermanos bloco,
relatividad,
relato,
todos hablaban de ellos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)