Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que le pedía que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba a quien vivía como los demás le decían, yo me sonreía pero ahora los entiendo y hasta perdí la risa. Me recuerdo despreciando al que iba a la casa de Dios a pedir auxilio, y también del que la misma ayuda la pedía a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón. Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar. Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me río con tanta fuerza, es más, ya no me río en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto. Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.
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domingo, 8 de noviembre de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
Bocetos
En la calle una anciana discute sola en voz alta a las 8 de la mañana, afuera de una tienda departamental que abrirá sus puertas hasta las 11. Los que se dirigen a sus trabajos la ignoran como si la escandalosa vieja fuera parte del acostumbrado decorado. Ella es sólo un boceto para mí. Cerca de allí alguien permanece encerrado en una oficina, y como la anciana, discute solo, pero en silencio, se pregunta qué le deparará el futuro, pues su vida no ha sido lo que él esperaba. La anciana en su locura es más cuerda que el oficinista desesperado. Ella aceptó su situación hace muchísimo tiempo y ahora sólo flota en la vida. Comentándose a sí misma sus recuerdos fabricados y sin pensar en el día de mañana, ni en un mejor porvenir. Ambos son sólo un boceto para mí. La joven mediocre consiguió un trabajo en la lavandería, donde pasa 10 horas diarias ante un televisor a todo volumen, que todos los días muestra lo mismo, pero con distintas imágenes. Ella también es sólo un boceto. La tienda abre sus puertas, la anciana sigue discutiendo y entra, el oficinista sigue frustrado y la joven mira TV. Yo entro a comprar comida. Yo soy sólo un boceto también.
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martes, 5 de mayo de 2009
Mirando hacia atrás
Leyendo tus palabras, recordando que quise ser tú, o al menos seguir tu camino. Si no estuvieran escritas hoy para mí serías parte del olvido. Si no fuera por esos registros que dejaste en el papel ni siquiera te recordaría. Aspiré tanto a ser tú que terminé siendo nadie. Hoy trato de buscarte en otras personas, trato de recordar cómo era tu mirada y el tono de tus ideas cuando salían de tu boca. Hoy sólo me quedan las letras de lo que alguna vez fuiste, y no coincido del todo contigo, únicamente lamento que ya no sea lo mismo. Te perdí, quizás para siempre, es posible que ya no vuelva a verte. Yo, no soy ni una sombra. De nada me sirve ahora todo eso que dejaste grabado en papel.
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martes, 17 de marzo de 2009
Omisión
La mesa bien puesta y el vaso a medio llenar o medio vaciado, y no es gracioso. El eco retumba como sepultura al cerrarse y el horizonte, aunque luminoso, no parece prometedor. Una princesa y un enano me recuerdan que me he comportado como santo, como pecador y como hijo pródigo. Mi última acción fue el adulterio para con mis principios y la inocencia perdida de mi fe. Ya no sé qué sigue, sólo espero ya no preocuparme tanto. Me recuerdo con el fango del ridículo hasta el cuello compadeciendo a la diva que se descubrió vieja el día de su cumpleaños. Por un lado me hundía y por el otro seguí viendo a todos por encima del hombro. Y sigo sin creer que nadie puede ser juez de sus semejantes. Fui el blanco rosado de muchas flechas de desprecio, pero yo también disparé bastantes de esas. Como Lucifer caí de la gracia de mis seres queridos y eso jamás lo he podido recuperar. Lo malo es que si comenzara de nuevo es muy probable que todo terminara igual. Lo único que espero ya es que cuando la muerte me lleve a su jardín no tenga yo remordimientos por las cosas que omití.
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