Mostrando entradas con la etiqueta adiós. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adiós. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de octubre de 2019

La falsa reina pequeña

La falsa reina pequeña era aún más mentirosa que toda su joyería de plástico.

No niego que yo le hice la corte, y que ella terminó cortándome.

Lo que me sorprende es que ella siga creyendo todavía en sus trucos de magia verde, que nada tienen que ver con la ecología.

Es una pena el desperdicio de su carisma. Es una pena escuchar sus falsos ideales, como esa humildad que presume y que siempre termina arrastrándote.

Lo siento reina, tengo que salir de tu castillo, pagas muy mal el puesto de bufón.

Cómprate un cocodrilo sin caries para que sigas admirando sonrisas y un barril de orgullos tragados para que guardes en él tus amarguras.

Tú que lees, te diré que no entres en ese castillo, pues el tiempo castiga cruelmente a la reina y en un momento de distracción podrías terminar siendo el inestimado candado de su alcoba apolillada.

Reina, no niego que alguna vez adoré la imagen que representabas tan bien.

Septiembre de 1995
reina

miércoles, 8 de julio de 2009

Gajes desgajados del oficio

El mastodóntico amo saca a pasear a su miniatúrico perro, pues no hay mucho lugar en el microscópico departamento del vertiginoso piso 40. Yo los observo tratando de evadirme del momento mientras soy observado ávidamente por un grupo de corruptibles policías. Las cocodrílicas lágrimas brotan de tus precámbricos ojos mientras desclasadamente dices adiós al que indiscriminadamente llamabas amor. Tu ártica sangre fluye por tu raquítico cuerpo, que ahora tiene una primitiva función pero extraordinariamente exclusiva para unas nóveles manos, de alguien que perjuramente jura ser sincronizadamente sincero. Ese alguien que avariciosamente posee tu latídico corazón (y mucho más). Obnubiladamente por la luz incandescente te digo adiós deseándote suerte. Y cuando con parsimonia te alejas los agentes sagaces se acercan sigilosamente a mí para sacarme el dificultoso dinero por haber aparcado puercamente el auto en un lugar estrictamente prohibido. Son gajes desgajados del oficio.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Revelaciones revueltas (adiós)

El ego inflado como un globo de Cantoya, aboyado en alguno de sus lados, que a pesar de ser pesado se despega del suelo, inflado a veces por palabras gratas de una bella puertorriqueña, y sin embargo el ego tan grande muchas veces es símbolo de inseguridad. Así es la vida, contradictoria hasta en sus contradicciones mismas. Muchos dicen misa, lamento si esperabas que hablara ahora de salchichas. Decimos muchas veces adiós porque no queremos realmente irnos. Me despido y dejo todo en claro, arreglando las confusiones para que no me caiga el telón como dicen que va a llegar el final: como monja en prisión. El que mucho se despide pocas ganas tiene de irse. Yo me quería ir mucho antes de empezarme a despedir, a ese lugar adonde todos vamos, pero ni juntos ni revueltos, para descansar de este valle de lágrimas y risas, lamento si esperabas que hablara aquí de salchichas. Embutidos en la existencia, como pasajeros del metro a la hora de salida, o de entrada, nos damos cuenta que por más que atesoremos no nos vamos a llevar nada. Nadie sale vivo de aquí. Yo intentaré llevar mi ego al vulcanizador porque vuelo, pero bien seguido me caigo, golpeándome feo, contra el suelo. Las cosas a veces se ponen color de hormiga, he visto hormigas tornasoladas y mujeres hermosas sonrojadas. Un ángel me saluda en mi camino a casa, me dice que aún no es momento y me dice hasta luego, en español. Mis pensamientos son demoníacos, porque en el fondo no me creo su santidad. Muchas veces las mujeres que aparentan dulzuras son las que gustan de decorar tu corazón con amargura, las decentes te dan las gracias, y gracias son las que las adornan. Espero que no esperaras que hablara de comida, mucho menos de salchichas. A veces siento que entre más incoherencias aparentes digo, revelo más de mí que cuando mi discurso puede ser seguido, fluido y dizque lógico, no lo hago a menudo, ¿o sí? Si me has leído mucho podrás entenderme, y mereces aplicar para santo en el Vaticano. Qué paciencia, soportar mi insolencia verbal. Job no se compara a quien atraviesa este pantano de palabras, quizás buscando diamantes, sólo espero que hayas pasado un buen momento. Yo sigo tratando de curar mi ego, que de tan enorme no me dejó admirar el paisaje. Fiel al vacío, me río, porque de lo contrario me pondría a llorar y la verdad ya me deshidraté. En mi impaciencia aprendí a ser paciente, en mi intolerancia terminé siendo indiferente. No me preguntes qué quise decir aquí, porque si me vuelves a ver lo más seguro es que lo haya olvidado. Un clavo saca a otro clavo, pero las personas no son de metal aunque se clavan muy profundamente. Siguiendo el ejemplo del quijote, al que no he leído ni creo leer, me embarco en proezas imposibles, en mundos increíbles, quizás para tener algo que decir o para presumir que yo también sufro. El faquir barrigón que come tristezas para despertar simpatías. Se oye incluso un violín de fondo, y mientras un gato se hace pasar por el alcalde de Nueva York yo espero que regrese la persona que sabe alimentar mi ego y que me ayuda a levantarme del suelo. Doy gracias a Dios por las bendiciones y le pido perdón por las quejas. Me quedaré lo que tenga que quedarme, aunque, como les sucede a todos, cada día está más cerca el final. Revelaciones revueltas.

sábado, 2 de agosto de 2008

Despedida sin adiós

Voy a ponerme al corriente en una vida diferente, no buscaré señales ni en lo carros de tamales, saldré del viejo hechizo que me tuvo sometido, me iré de campamento para descubrir lo que siento, me compraré nuevos lentes para dejar de verte, pues me cansé de ser tu suelo y de servirte de pañuelo. Ya estuvo bueno, me voy sin decir adiós. Voy a hablar en chino para que sientas lo mismo, me cansé de la farsa y de que contigo no hay nada, me perderé en la carretera y seré otro cualquiera, bajo la luna de queso me cobraré todos tus besos con cada estrella que permita mis maneras, el licor de tu perfume desde ayer no se me sube. Ya estuvo bueno, me voy sin decir adiós. Si es que soy un abusivo, ¿por qué estuviste conmigo?, si tú no me querías ¿qué hacía yo en tu vida?, me siento mal de hacer tantos reproches, por eso mejor me largo ya… sin decir adiós.