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miércoles, 21 de octubre de 2009

Sólo nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras. Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarse ni un por qué. Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo. Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña. Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos. Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito. Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Como Van Gogh

Igual que el viajero que se queda mirando cómo se va el último tren, que perdió por quedarse a admirar el ocaso. Igual que la novia en el altar, abandonada porque con ella jugaron, aquel viejo juego que tantas veces ella jugó. Me quedo yo tratando de descifrar mi destino en las aguas del río, sin hilo, sintiéndome como se sentía Van Gogh. Suspirando en la almohada como la viuda que nunca tuvo pareja. Soñando como la virgen cuyos blanco ropajes el tiempo percudió. Viendo que mis zapatos están ya muy desgastados como para seguir andando. Me quedo sentado sintiéndome como se sintió Van Gogh. Pero aunque no tenga colores de furia, y aún conserve mis dos orejas, escucho muy bien tus palabras y sigo admirado de tu belleza. Quizás haya una bala por allí que lleva marcado mi nombre, pero dudo mucho que ella sea disparada por mí. Como el náufrago que se cansó de arrojar mensajes al mar. Como el autor de la ferviente carta que nunca se entregó. Guardando en mí todo aquello que quise entregarte, me veo obligado a renunciar, sintiéndome como se sintió Van Gogh. El cielo de zafiros estaba mucho más allá de mi alcance. El signo de Caín brilla en mi frente aún cuando no me pega el sol. Es muy probable que me toque caminar por este sendero, sintiéndome tal y como se sintió Van Gogh.

domingo, 16 de agosto de 2009

Ojos entreabiertos

Sigo sin poder determinarlo. ¿Es el fin de mi vida o el principio de mi persona? ¿Por fin abro los ojos o es que comienzo a cerrarlos? Ya no soy tan bueno como creí serlo, y la maldad ya no es tan mala. Comencé olvidando la palabra de Dios y terminé perdiendo respetos. Los labios no sirven nomás para lanzar palabras al aire y las manos pueden hacer trucos con la carne. Amanecí arrepentido de lo que con mi consentimiento hiciste conmigo. Sólo que no estaba acostumbrado. Yo lo creí incorrecto y ahora es lo único que hago. El jefe de pista luce elegante y huele a jabón, pero ahora sé cómo es por dentro. Todo aquello que ayer miraba por encima de mi hombro, ahora lo miro a la altura de un zapato. Ya nada volverá a ser igual. La inocencia se deslava con cierta clase de calor, y jamás la recuperas. Sólo soy otro más, cambié mis valores por la normalidad. Ha sido pesado, ojalá sea sólo una fase o una temporada; pero sé que el sabor de boca permanecerá. Me siento mal, me siento idiota. No sé si esto es el fin de mi vida o el principio de mi persona. ¿Abrí por fin los ojos o comencé a cerrarlos? ¿Ahora cómo podré ver de frente a la gente sin sentirme apenado?

lunes, 10 de agosto de 2009

El hombre sin corazón

Ella no había sido la primera. No se separaron por nada extraordinario. La historia de ambos, como todas las historias, incluyendo las histéricas, tuvo un final. Así, nada más, ella se fue y él cerró la puerta por dentro. No transcurrieron muchos días cuando él empezó a añorarla, recordando sólo lo bueno, lo positivo; hasta que olvidó por completo el porqué de sus separación, haciendo del rompimiento el mayor misterio del mundo para él. Lo primero en desaparecer fue el auto. Nada insólito si se toma en cuenta la inseguridad de la ciudad. Lo reportó robado y jamás fue encontrado. Cosa de todos los días, a cualquiera le pasa. Decidió no reponerlo y volver a caminar, pensó que le haría bien. Después fueron los amigos, poco a poco se perdieron. Los números telefónicos que tenía en su agenda ya pertenecían a puros desconocidos y nadie pasaba ya por su casa. Siguió mecánicamente con su vida, o con lo que le fue quedando de ella. Una mañana, su casa amaneció sin espejos. La siguiente desaparición fueron los muebles y una tarde, a su regreso del trabajo, donde solía estar su casa encontró un enorme terreno baldío, lleno de mala hierba que al parecer llevaba mucho tiempo enraizada. No se estaba volviendo loco, la dirección era la misma, los vecinos también, pero nadie parecía reconocerlo. Vivió bajo un puente. Su trabajo también se había esfumado, ya no tenía caso pagarle a un compositor para quien las notas desaparecen. Comenzó a mendigar para mantenerse entretenido. Se le fugó el interés. Sus recuerdos se fueron desvaneciendo hasta que su memoria no dibujaba el rostro de ella y sus labios no evocaban su nombre ni en sueños. Una mañana de abril sintió un agudo dolor en su pecho y fue llevado de emergencia a un hospital de beneficencia. Los médicos que lo atendieron no creían lo que atestiguaban: al vagabundo adolorido le faltaba el corazón. El caso se hizo famoso, un hombre ‘vivo’, aparentemente sano, que en vez del músculo vital tenía un hueco. Nada, sólo vacío. No lo pudieron certificar como muerto, pues el tipo respiraba, se movía y pensaba; sólo le faltaba el corazón. A partir de entonces ya nada desapareció. Un inteligente empresario circense lo contrató. Ahora cualquiera que tiene suerte (y que pague el boleto), podrá asistir al circo, cuando éste se encuentre cerca, y mirar al hombre que no tiene corazón.

miércoles, 8 de julio de 2009

Gajes desgajados del oficio

El mastodóntico amo saca a pasear a su miniatúrico perro, pues no hay mucho lugar en el microscópico departamento del vertiginoso piso 40. Yo los observo tratando de evadirme del momento mientras soy observado ávidamente por un grupo de corruptibles policías. Las cocodrílicas lágrimas brotan de tus precámbricos ojos mientras desclasadamente dices adiós al que indiscriminadamente llamabas amor. Tu ártica sangre fluye por tu raquítico cuerpo, que ahora tiene una primitiva función pero extraordinariamente exclusiva para unas nóveles manos, de alguien que perjuramente jura ser sincronizadamente sincero. Ese alguien que avariciosamente posee tu latídico corazón (y mucho más). Obnubiladamente por la luz incandescente te digo adiós deseándote suerte. Y cuando con parsimonia te alejas los agentes sagaces se acercan sigilosamente a mí para sacarme el dificultoso dinero por haber aparcado puercamente el auto en un lugar estrictamente prohibido. Son gajes desgajados del oficio.

sábado, 18 de abril de 2009

Los amantes errados

Ella era el horario de oficina, él era la eternidad. A pesar de sus purezas cristalinas, no tenían nada de que hablar. Ella siempre tenía prisa, él nunca iba a ningún lado. No me preguntes cómo ni cuándo, pero sé que terminaron juntos. Ella soñaba contando, él le contaba sus sueños, y como siempre la rutina terminó llevándose el velo del misterio. Ella ganaba mucho dinero, él gastaba más de la cuenta. Para ejercer presión sobre él, ella lo obligó a pagar la renta. Ella trataba de cuidar su organismo, él empezó a perder el sentido. Ella se fue con alguien con un futuro sólido, él se quedó durmiendo muy solo. Ahora sabemos que el amor engaña, y nos hace alabar cosas extrañas. Poco es claro cuando estamos en ese estado, y a veces es muy tarde cuando queremos rectificarlo. Ella murió de úlcera y de cáncer, él murió de frío y de hambre. Nadie sabe en dónde están sepultados, pero todos los conocen como los amantes errados.

sábado, 2 de agosto de 2008

Emancipación y decadencia

En la cima de la montaña huraña una araña teje el destino alrededor de la quietud de tus frías acciones sin mercado aplicadas a tus Romeos de fuego, mientras tus caballeros andantes, amantes, se derriten por un deseo oscuro e insatisfecho. Las cuerdas de tus marionetas estetas se rompen como botellas de rompope monacal fuera del convento convexo de tu irreligión. Un ladrón fue crucificado junto a su señor y tú esperas que no desesperen tus pretendientes y se queden hasta quedarse sin dientes; ellos en nada te entienden cuando imaginas maravilla en tierras extrañas que no existen. Pero tú tampoco te mueves, sólo conmueves y excitas con éxito sembrando frustraciones y futuros desamores amargos, que sabrán rancios con la leche del destiempo de mañana sin maña, donde se rezarán resignaciones originadas por los insignificantes instantes en que ellos, los amantes de antes, se dedicarán a voltear hacia atrás sin más remedio para ver tu mal recuerdo y alegrarse de haber roto las candentes cadenas cardenalicias de tu oscuro deseo. Con frío de río deshielándose pagaste sus fervorosos regalos sin otorgarles demasiados favores y ninguna de tus gracias, que al final serán desgracias y una pérdida absolutamente disoluta de tus segundos disueltos y de tus horas doradas, dedicadas a tu completa autoadoración. Todos quedarán como mudas estatuas estatales cuando les digas que no los quisiste. Tu infelicidad crónica es contagiosa y aguda, clavada como aguja en el corazón de cada iluso que te ama. El león no es como lo pintan y tú no eres quien pretendes. Ellos se recuperarán, tú no. Estas son pálidas palabras de lo que pasa y pasará cuando tu tiempo se pasado.