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viernes, 18 de octubre de 2019

Con la mejor disposición

Armado de paciencia y fe, estoy aquí, esperando lo mejor contigo; a pesar de que las experiencias siembran dudas en el campo fértil de mis ideas.

No puedo evitar preguntarme: ¿y qué tal si lo nuestro tiene el mismo final trágico de mis anteriores experiencias?

Todas mal, siempre mal.

Nada indica realmente que ahora vaya ser de otra manera. Lo más probable es que se trate de la misma historia con escenarios distintos. El mismo papel femenino, interpretado por una nueva protagonista.

En lo que se refiere a las relaciones sentimentales, parece que tengo el toque inverso de Midas. Aquellas que eran malas, conmigo terminaron siendo peores, y las mejores, en mí descubrieron cómo ser villanas.

Las dudas son las vitaminas de la fe, y quizás por ellas sigo esperando algo bueno contigo.

Presiento que eres la correcta.

Aunque, honestamente, siempre sentí lo mismo con cada mujer de quien me enamoré. Percibo, a pesar de todo, que eres distinta, además de ser auténtica y sincera.

Esta vez, nada puede salir mal.

Aunque, ahora que lo menciono, siempre todas fueron auténticas y sinceras. Mentiría yo si dijese lo contrario.

Pero contigo siento algo diferente: la confianza mutua es enorme, podemos hablar de todo sin problemas, aun cuando no coincidimos por completo. Diría que las diferencias nos alimentan.

Claro que, ahora que lo recuerdo, eso mismo sentí al principio con mis parejas anteriores. Las confesiones y las charlas inocentes se transformaron en arenas movedizas de crítica y recriminación, donde se fue ahogando la confianza.

Esto del amor me resulta como un juego de dados recargados... en mi contra, claro está.

Ya estoy lo suficientemente viejo, y no comprendo para qué siquiera lo intento otra vez.

Pero por alguna razón aquí estoy, armado de paciencia y fe, con la mejor disposición para intentarlo de nuevo.

Creyendo en ti.

Ojalá esta vez no se trate de abordar la nave que va directo al hundimiento o subirme al dirigible que volará, pero en pedazos. No, creo que no. Creo que esta vez vamos en el camino correcto, aunque...

ciego

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Oportunidad

Una oportunidad para la demostración, prometo no negarte aunque el gallo insista en cantar. Te necesito conmigo, necesito la fe. No habrá más sorpresas, todo será nuevo, aun dentro de los encierros. No importa cuántas beses te bese, no será suficiente, necesito desterrar la soledad. En la antesala de lo eterno sigo esperando por ti, para brindarte algo absoluto donde abunda lo relativo. Responde como quieras, con un gesto o con palabras, ahora satisfecho quedaría hasta con un leve suspiro. Entre “lo siento” y “adiós”, está el momento más difícil. Entre “te quiero” y “mi amor” se ubica lo que todos dicen. Entre “te espero” y “te ayudo” encontramos lo que menos se cumple. Entre “mucho gusto” y “encantado” verás lo que por educación se escupe. Necesito tu certeza, el alivio de tus miradas. El camino de la mujer es como un rastro en el agua, es preciso que seas la solución a los males que has creado en mí. Necesito tu certeza en este fango de dudas, requiero de tu apoyo para seguir avanzando. No me importa dejar mi corazón en tus manos, mientras creas en mí y no sientas que es en vano. Entre el cielo y el infierno encontramos nuestros cuerpos. Entre el amor y la lujuria danzan los deseos. Entre lo genial y la locura hay el grosor de un cabello. Entre la bondad y la virtud está lo que el mundo más desprecia.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Como Van Gogh

Igual que el viajero que se queda mirando cómo se va el último tren, que perdió por quedarse a admirar el ocaso. Igual que la novia en el altar, abandonada porque con ella jugaron, aquel viejo juego que tantas veces ella jugó. Me quedo yo tratando de descifrar mi destino en las aguas del río, sin hilo, sintiéndome como se sentía Van Gogh. Suspirando en la almohada como la viuda que nunca tuvo pareja. Soñando como la virgen cuyos blanco ropajes el tiempo percudió. Viendo que mis zapatos están ya muy desgastados como para seguir andando. Me quedo sentado sintiéndome como se sintió Van Gogh. Pero aunque no tenga colores de furia, y aún conserve mis dos orejas, escucho muy bien tus palabras y sigo admirado de tu belleza. Quizás haya una bala por allí que lleva marcado mi nombre, pero dudo mucho que ella sea disparada por mí. Como el náufrago que se cansó de arrojar mensajes al mar. Como el autor de la ferviente carta que nunca se entregó. Guardando en mí todo aquello que quise entregarte, me veo obligado a renunciar, sintiéndome como se sintió Van Gogh. El cielo de zafiros estaba mucho más allá de mi alcance. El signo de Caín brilla en mi frente aún cuando no me pega el sol. Es muy probable que me toque caminar por este sendero, sintiéndome tal y como se sintió Van Gogh.

domingo, 9 de agosto de 2009

Crónica de una no-boda

Había un valet parking que bailaba a las siete el lago de los cisnes mientras castañeaba con los dientes el cascanueces. Corriendo hacia el altar iba la novia ciega, conocida como ‘la novia que no veía’, pero su prometido jamás llegó a la ceremonia, pues estaba en altamar buscando alguna ballena que fuera vacía. “Leven anclas”, decía el marinero prometido, “leven anclas” y su grumete, un mozalbete regordete, comía anclas de rana, sacadas de ranacerontes que solían vivir cuando el Sáhara era un gran océano. El ajuar juar juar de la novia que no veía consistía de muchos y muy finos regalos: costosas costillas de la costa, fragancias que la gente usa para fugar el olfato, ventajosas ventanas veteadas y otras curiosidades importadas. Entre los invitados había austeros astronautas australianos, banqueros argentinos que tenían sus bancos en el Río de la plata, -pero que en la boda se la bancaban en una sola silla de arcilla (seguro que creíste que en un banquillo)-, eunucos enanos enamorados, modosos modistas marroquís (en realidad eran mauritanos), olvidadizos oligarcas adictos al aceite de oliva, Popeye, un rebosante de vida Lázaro que lazaba lazarillos, presuntuosos presidentes de naciones esclavizadas que se presumen libres, sicofantes vestidos de elefantes, pedicuristas pedófilos pervertidos (cuyos lugares favoritos eran las zapaterías chinas o japonesas, suelo confundir los ojos y las cortinas rasgadas) y una princesa persa que perseguía persistente a parsimoniosas personas. Pero te digo de nuevo que comer huevo no es un juego y también que la boda de la novia que no veía no pudo ser. El Obispo vestido de abeja iba avispado a oficiar la misa, y en lo que esperaba dejaba, asqueado, que los fieles desgastaran con oscuros ósculos sus anillos vaticanos de oro que tenía en los dedos de las manos. Esa fue una no boda. Jamás se supo si el prometido encontró siquiera a calcetines o a medias a una ballena vacía, pues nunca más se le volvió a ver.

miércoles, 8 de julio de 2009

Gajes desgajados del oficio

El mastodóntico amo saca a pasear a su miniatúrico perro, pues no hay mucho lugar en el microscópico departamento del vertiginoso piso 40. Yo los observo tratando de evadirme del momento mientras soy observado ávidamente por un grupo de corruptibles policías. Las cocodrílicas lágrimas brotan de tus precámbricos ojos mientras desclasadamente dices adiós al que indiscriminadamente llamabas amor. Tu ártica sangre fluye por tu raquítico cuerpo, que ahora tiene una primitiva función pero extraordinariamente exclusiva para unas nóveles manos, de alguien que perjuramente jura ser sincronizadamente sincero. Ese alguien que avariciosamente posee tu latídico corazón (y mucho más). Obnubiladamente por la luz incandescente te digo adiós deseándote suerte. Y cuando con parsimonia te alejas los agentes sagaces se acercan sigilosamente a mí para sacarme el dificultoso dinero por haber aparcado puercamente el auto en un lugar estrictamente prohibido. Son gajes desgajados del oficio.

martes, 2 de junio de 2009

Cupido y la Dulce figura

“Ningún día es soleado aunque no haya ninguna nube en el cielo”, pensando en esta frase ambigua danzaba el Gordo Cupido Fracasado cuidando de que no se le cayeran sus gafas de grueso armazón. Iba desnudo por el parque y saltando sobre un solo pie gritaba: “¡Albricias!, ¡albricias!” Yo pensaba en quitarme ese maldito blanco de mi mente para poder decirte algo. Un individuo, tan negro como la mayoría de las consciencias, y tan estúpido como la mayoría, intentaba correr con sus pantalones bajados a la altura de sus tobillos. Un beso flotaba en el aire, pero no encontraba labios en dónde posarse y se pasó de largo. “Un recuerdo poderoso es lo único que se requiere para amedrentar tu presente”, ese es el dogma de la Eterna Novia Amarilla. En una banca estaba sentado el Anciano Prematuro aterrorizado por la idea de envejecer y hacia él se aproximaba el Muerto cuya obsesión es la muerte. Yo intentaba decirte cualquier cosa, por simple que ésta fuera, pero no se me ocurría nada. El Mendigo De Afecto seguía solicitando limosnas de amor, ahora estaba enamorado de un perro que había lamido su saco. Más de una persona se identificaba con el Mendigo. La Dulce Figura que conquistaba corazones sin esfuerzo intentó decirme algo al oído. ¿Sería algo importante? Jamás lo sabré, yo continuaba preso en la habitación mental en donde creía que estaban las palabras que te tenía que decir. El Gordo Cupido Fracasado comenzaba a darse cuenta que no es bueno del todo (y quizá en absoluto, como pensaría más tarde) mezclar los negocios con lo más profundo de tu persona. Tras este descubrimiento cambió de pie para sus saltos y comenzó a gritar: “¡Maldición!, ¡maldición!” Aquí puedes encontrar el perdón de Dios, de tus padres, hermanos, hermanas, amigos, enemigos, vecinos, jefes, empleados, seres despechados, amantes suegras, cuñadas, carceleros, reyes, envenenados, jueces, acusados y parientes, pero jamás encontrarás el perdón del tiempo. Cuando por fin se me ocurrió algo qué decirte noté que tú, con todo y tu Dulce Figura, te habías ya ido.

lunes, 11 de mayo de 2009

Costumbre

¿Qué hay detrás de esas gruesas cortinas? ¿Será el motivo de esos golpes que intentas ocultar? ¿Por qué te acostumbraste a decir mentiras? ¡Que tus heridas son por no saber caminar! Tu idea apache del amor dista mucho de la mía. Tu relación perfecta sería con el Marqués de Sade. Entiendo que no todos podemos pensar de la misma forma, pero me confunden tus nociones del bien y del mal. Lo más absurdo es que no pareces disfrutarlo, pareces querer escapar de un laberinto que tiene odiosos minotauros en cada puerta. Tampoco das la impresión de querer solucionarlo, ¿acaso crees que la única salida es estando muerta? La violencia es tu pan de cada día, la sonrisa sólo un recuerdo remoto en tu rostro. Lamento decirte esto una y otra vez, pero parece que esperas que alguien te lo revele todo. Aunque no digas lo que sucede en tu casa, debo decirte que es fácil de adivinar; lo que es difícil, rayando en lo imposible, es comprender que entiendes por amor.

sábado, 18 de abril de 2009

Los amantes errados

Ella era el horario de oficina, él era la eternidad. A pesar de sus purezas cristalinas, no tenían nada de que hablar. Ella siempre tenía prisa, él nunca iba a ningún lado. No me preguntes cómo ni cuándo, pero sé que terminaron juntos. Ella soñaba contando, él le contaba sus sueños, y como siempre la rutina terminó llevándose el velo del misterio. Ella ganaba mucho dinero, él gastaba más de la cuenta. Para ejercer presión sobre él, ella lo obligó a pagar la renta. Ella trataba de cuidar su organismo, él empezó a perder el sentido. Ella se fue con alguien con un futuro sólido, él se quedó durmiendo muy solo. Ahora sabemos que el amor engaña, y nos hace alabar cosas extrañas. Poco es claro cuando estamos en ese estado, y a veces es muy tarde cuando queremos rectificarlo. Ella murió de úlcera y de cáncer, él murió de frío y de hambre. Nadie sabe en dónde están sepultados, pero todos los conocen como los amantes errados.

domingo, 29 de marzo de 2009

Palabras que sobran

Después de que se ahoga el niño tapan el pozo. La retrospectiva es una ciencia exacta. Es algo raro estar en el lugar donde hay que comprar para sentirse vivo. Por lo tanto hoy estoy medio muerto, en el día que dicen que es el más triste del año, por las circunstancias climáticas. No me siento mal, pero podría sentirme mejor. No hago caso al hombre que habla del clima por televisión, porque ni televisión tengo. En la isla desierta, que es en realidad una península, estoy sin estar. Estirando palabras como ferrocarril, o como desoxirribunucléico hasta que se rompan. El rompope de las monjas no produce embriaguez, primero caerás asqueado.

He visto a muchas personan jurar en vano y sin embargo creo que lo hicieron honestamente, lo sé porque yo mismo me he propuesto cosas que con el tiempo olvido. Por eso debemos de dudar de quien promete algo para siempre, aunque sea sincero, pues si le crees es probable que termine lastimándote sin haber tenido la intención de hacerlo. A veces esto último es lo que más duele. Los fatigados peregrinos de la rutina continuaban su imparable desfile ante mi desatenta indiferencia, ignorando las gónadas en ganga de la gangosa con gangrena. “Es mucho pedir, dijo Pedro, el de la camisa azul y pantalones oscuros acerca de la disciplina que su hermana le pedía a través de un teléfono celular. Una mujer con celulitis circulaba presumiendo sus malformadas y descuidadas piernas con una minifalda que nadie en las islas Bikini se atrevería a usar. Yo me puse a pensar que las corbatas no sirven más que para colgarse los colores al cuello. Una mujer cuyo nombre había olvidado (no yo, sino ella) le decía a su acompañante anónimo que era muy mala para aprehenderse la letra de las canciones. Su papá había aprendido en la cárcel muchas tonadas en la harmónica, era un guardia que no tenía nada de ángel más que el nombre, pero había muerto sin aprehender tampoco ninguna letra (el tipo murió sin deudas). A mí me importaba un bledo la letra que escapaba de esa mujer, por eso intenté contar cuántas rubias naturales pasaban delante de mí. Conté 75, pero sospecho que muchas de ellas eran beneficiadas por la química estética moderna. Un pobre diablo repartidor a bordo de una motocicleta destartalada se sentía rey por un día al conducir lentamente por una calle estrecha, impidiendo el paso a dos docenas trágicas de automovilistas que intentaban acelerar detrás de él. En la noche el pobre diablo (y más de uno de las dos docenas) llegaría a su casa a probar con la lengua el sabor de las suelas de su suegra. Hechos de la vida, yo por eso no estoy interesado en las carreras de caballos ni en las acciones de la bolsa inactiva. Por otro lado me pregunto ¿de qué sirve dejarte constancia de mis tiempo si tú, igual que yo y que todos los demás, vas morir algún día para después, igual que yo y que todos los demás, serás completamente olvidado? Dichosos los triunviros virulentos monos que no ven, no oyen y no escriben.

“Hmmm” dijo él como única respuesta. “¿Qué opinas?”, dijo ella con esa típica urgencia que nace de la culpa no confesada. “No sé si decirte una brutal verdad o una piadosa mentira”, respondió él por fin, como una forma de ganar tiempo. “Dime la verdad”, dijo ella, quien por cierto, de postularse en la competencia bien ganaría el ‘Pinocho del año’. “Está bien”, dijo él, con una seguridad y aplomo sacados de la manga de un árbol de Manila, “haré lo que cualquier diplomático y te diré falsas verdades barnizadas de belleza”. Ella sonrió satisfecha.

En el radio sonaba la misma canción cansada de hace treinta años (como si nadie hubiese escrito nada que valiera la pena desde ese entonces). De repente la transmisión fue interrumpida por un hábil aviso que decía: “pronto, inscríbase al curso ‘el arte de saber personar’ y termine con esos odiosos odios, irónicas iras y fructifique sus frustraciones de una vez por todas. Comuníquese al 5555555555. El curso se impartirá en el centro nacional de la cultura y la promoción del arte. Y perdónenos la interrupción de su cascada canción”. El viejo tema fue reanudado sin atarse, exactamente donde había sido interrumpido sin permiso.

La mayoría de las personas en el recinto, como la mayoría de la humanidad, llegaban en ocasiones a formar ideas que pensaban serían demasiado ridículas como para ser expresadas. Nadie en el recinto resultó ser como esa escuálida minoría que expresan sus ideas y terminan siendo ricos por eso.

La mayoría del tiempo me pregunto: “¿qué hago en este mundo?” Sé que más de una persona me respondería con la palabra obvia: “vivir”; entonces yo arremetería con “pero ¿cuál es el sentido?” Algunos dirán que debo ser alguien en la vida. Hmm, como si pudiese existir (o hubiese existido) alguien que no terminará, tarde o temprano, siendo sepultado por las espesas arenas del tiempo. Otros dirán que el fin es amar. ¿Amar a qué o a quién? ¿Qué sentido tiene dedicarle la vida a alguien? ¿Acaso amar a la humanidad? ¿Qué caso tiene el amor que no es correspondido? El amor platónico es tan absurdo como tratar de usar una bolsa de plástico como abono natural. Habrá quien diga: “mira cómo te bendice el Cielo”. Y yo creo que así como hay muchos en peor situación que la mía, hay también algunos en mejor lugar. Honestamente no me gustaría ser ni unos ni otros. Ese no es el punto. Yo quiero saber cuál es el sentido de haber nacido. Cuando tenía fe, creía que esta vida era una prueba a la que nos somete Dios. ¿pero qué gana el todopoderoso con probarnos? ¿Somos su juego y lo hace para tener algo en qué divertirse en sus ratos de eternidad? La respuesta creo que no la obtendré nunca en esta vida, y si esta vida no me conduce a esa respuesta entonces ¿cuál es el sentido de vivir? Dejando a un lado la divinidad, si alguien se atreve a decirme que el objetivo es mejorar el mundo, le diré que no, que este mundo no cambia esencialmente. Cuando algo se modifica pronto regresa a su estado inicial y así todo se mueve en un círculo vicioso. Ojalá estos pensamientos fueran producto de mi enojo, pero no estoy enojado, simplemente confundido. Quizá ese sea el verdadero sentido de la vida: aceptar la confusión y después vivir como si nunca se hubiese pensado en ello, hasta ser sorprendidos por esa especie de ladrón nocturno que termina arrancándonos la vida. La vida puede ser, solamente, respirar hasta expirar. La perfección del absurdo. ¡Buen viaje!

La raja anaranjada rajaba la mañana porque según la roja Scarlett “mañana será otro día”. Y pobre de aquél que no sonría, pues será el hazmerreír de todos los que vean la foto. Alguien aprendió que el deshojar margaritas no solucionará su vida amorosa, si ésta ha estado siempre destinada al fracaso. Ni Heracles podría solucionar ese problema. Tarea tardía que tergiversa la homilía. De repente las noches del verano se transforman en el verano pasado, tan pesado como aquellos que confundidos buscamos el sentido al ritmo de nuestro corazón. Cierra la billetera amigo, eso sólo puede comprar bienes, salud y amor, hasta cierto punto. Yo me divertiré observando a los que maldicen a Colón dos mil años después.

¿Qué mas queda por hacer cuando hay urgencia por escribir, pero se carece de una historia? Dicen que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla. Yo, siguiendo el eco de esa presurosa premisa, soy el eco de mi propia vida, cualquiera que esta sea, y siendo un cualquiera a la vez. Quizá sea un pecado pensar tanto en vano, como lo es para muchos el pesarse en una báscula inmaculada; pero en esta ardiente pendiente todo es posible y parece que el único fin es tocar el fondo de una mujer vestida a la antigua, para después volver a subir. Suben los intereses, aunque la mayoría somos indiferentes, sube la inflación que nos desinfla, la moral es la misma siempre, igual que la profundidad del mar. Me dice el que cree que descubrió el hilo negro: “no te angusties, la rueda es redonda y nunca nada la podrá cuadrar, ese es el secreto”. Yo me río educadamente, como duque dichoso en un dique, y dizque valiente me enfrasco en un tarro donde guardo mis propios asuntos. Y sin embargo me muevo.

De pie en lo que considero la mitad justa (no muy convencido porque no creo alcanzar los 66) como teniendo un pie en cada lado del meridiano de Greenwich, me llegó la noticia de que todo en la vida simplemente sucede. Estoy de acuerdo en que puede haber un plan maestro (tiene que haberlo), y por eso no es bueno hacer planes, panes ni flanes. Hoy me siento sin mucho sentido, y la verdad no me importa mucho que alguien pensara de mí lo que por la mañana pensé de una mujer: “tiene un cuerpo bien conservado, pero en su rostro parece que los años se ensañaron”. Aunque en realidad nadie podría pensar eso de mí porque mi único ejercicio es respirar y escribir. B-leaf-me.

viernes, 6 de marzo de 2009

Decepción

Cansado de la necesidad y de las rivalidades, Venus y Marte son sólo planetas y nosotros animales. Me cansa rogar y no me gusta verte llorar. El mundo gira, sin importar que estemos solos o acompañados; no le interesa que soñemos o que nos desengañemos. El viejo bulevar pavimentado con trozos de corazón, huele a amor no correspondido y a la rutina profunda como precipicio. Caí ante ti por tu belleza, creí que tenías grandeza, decepcionado, como si hubiera probado un dulce salado. Ahora no sé si debo continuar a tu lado, cansado de contar a todos lo que me pasa, cansado de pintar lo que a todos pasa. Quejas o conformismo, explotación e idiotismo. Lo más raro es que no estoy enfadado, sólo desilusionado, cínicamente echado a un lado. El viejo bulevar, pavimentado con ambiciones olvidadas. Por allí te veo pasar, pero no dices nada. Caí a tus pies por tu belleza, y pensaba que también tenías nobleza. Decepción, como el número equivocado. No debo continuar a tu lado.

domingo, 25 de enero de 2009

El juego que no todos jugamos

La vida llega a ser en algún punto como un cuarto menguante que nunca fue entero. Sofocada respiración en el abandono, terror a la soledad y fobia a la compañía. La ternura y la belleza son dos armas letales, trampas de las que no es fácil escapar. El sexo débil es más fuerte que el hombre, fíjate bien, la razón no es exclusiva del varón. No se puede comprar amor, como tampoco se puede prolongar demasiado la expectativa. El control excesivo, la satisfacción negada, a la larga provocan rebeldía. Manipular el deseo ajeno, y convertirlo en necesidad, es jugar con fuego. La niña de bellos ojos con el fósforo encendido cerca del polvorín. Puedes jalar a un pelele con una delgada cadena de oro, la lindura es capaz de arrastrar más que dos docenas de bueyes o que siete tractores. Pero ten cuidado, eso no dura demasiado, la paciencia no es una virtud generalizada. Cuando te pasas con el hambre sólo despertarás la furia o provocarás una muerte por inanición. No hay mal que dure cien años aunque haya personas que lo soporten. El día de la independencia sólo es un festivo de calendario, todos somos esclavos de algo o de alguien, en todo momento. El amor es un trago amargo cuando no es correspondido, con tintes dulces cuando es de doble sentido. El amor no es un juego, no es ajedrez, el inocente tiende a perder. Los cuentos de hadas distorsionan la visión, pero en el fondo son ciertos, tan ciertos como la filosofía popular o ambiguos como ciertos libros considerados sagrados. Seguro debe haber algo, sino ya nos hubiéramos extinguido. ¿Serías capaz de lanzarte de cabeza al pozo para comprobarlo? Quien no se arriesga no gana, no hay garantías y hay demasiada gente resentida. A pesar de todo es mejor haber amado y haber perdido que nunca haberlo sentido.

lunes, 25 de agosto de 2008

Que hable ahora o que calle para siempre

Soleado día de primavera, ¿por qué el muy desgraciado tenía que elegir un día tan bello?, ¿por qué Dios le concedió la gracia de un día así? Lo recordará con el cielo azul y el sol radiante. Ella estaba sentada en la cuarta banca de la izquierda, justo detrás de los familiares de la novia, así que lo que se proponía decir saldría justo de la zona en la que haría más daño. Estaba convencida de que él la amaba a ella y no a la mujer que ese día vestía de blanco y caminaba por el pasillo, nerviosa y orgullosa a la vez, rumbo al altar. Ella sabía que él estaba haciendo esto por una mezcla de capricho y compromiso, pues le había dicho más de mil veces: Yo a quien amo es a ti, y te lo digo con toda mi sinceridad. A lo que ella le contestó otras tantas veces: ¿entonces por qué te casas con ella y no conmigo? Y él siempre le respondía: porque tengo que hacerlo. Ella pensó que él desistiría al final, pero ya ves, hoy es el día de la boda, y ella está allí, en la cuarta banca de la izquierda, sintiendo náuseas y esperando el momento para hablar ahora y no callar para siempre. Pero justo cuando el sacerdote lanza tan resabida pregunta, ella toma sus cosas y se larga del templo. Hay veces que pesa más el pudor que el supuesto amor.

viernes, 1 de agosto de 2008

Hay golpes que no valen la pena

King Kong en un oscuro callejón esperando que pase el Valentino Cobarde para cobrarle el que éste le haya robado a su Coqueta Julieta. King Kong en un oscuro callejón hizo pagar caro al Valentino Cobarde, con intensos intereses, el robo de la Coqueta Julieta, mientras ésta juraba su efímero amor eterno a un Maduro Adinerado. A veces los golpes que da la vida no valen la pena.