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martes, 7 de abril de 2009

Los primeros segundos y la espera

El reloj es el principal testigo de mi espera, a la vez de que es el único que me la hace patente, echándomela baratamente en cara. Por dentro estoy más desesperado que un ciclón salvaje, pero por fuera trato de lucir tranquilo, el mercurio del termómetro lejos del individuo febril. El mono de piedra sólo mueve su cabeza, sonríe a lo que mira y se burla de mi espera; como si no hubiese tenido suficiente con el maldito reloj. Decido ver a la gente caminar sin rumbo fijo, quisiera decir de ellos tantas cosas, pero mejor me callo y miro. Al abrir el diario me encuentro con lo bien surtido que está hoy el mercado de la carne. Me pregunto quiénes están en lo correcto y quiénes son los extraviados. Vuelvo a mirar el reloj y pienso en tu aparente indecisión. Te he esperado desde mi infancia y aún no puedo distinguir tu voz. Para pasar el tiempo he besado otras palabras. Con ello sólo compruebo que eres la indicada. La última vez que te ví íbamos viajando en un tren cercano al infierno. Ambos salimos de allí tranquilamente, yo sin saber nada en concreto, tú con el mapa incorrecto. Han sido muchos pasos hasta llegar ante esta mesa, en donde no sé si para ti soy como humo de cigarro o si soy una especie de estrella, lejano y sólo un débil eco de luz con insuficiente luminosidad. El reloj me dice que aunque no me mueva cada segundo estoy más cerca de ti. Imagino que todo llega a su tiempo, sin importar la ansiedad que te enciende. La caja de música tocó su última tonada y ya no hay nadie más que yo en este lugar. Miro la hora y son mucho más de las dos. Parece que seré testigo de otro amanecer, mientras tú me has regalado otra aparente indecisión sin envoltorio. Regreso a casa, tan solo como salí de ella, pensando en ti, recordando que tu llegada puede ser como la de un ladrón apocalíptico. Entonces estaré preparado tratando de no cometer actos que me tengan que hacer suplicarte. Termino sospechando que el reloj no sirve más que para adornar la pared de la que bien se podría obtener mi lápida.

sábado, 16 de agosto de 2008

Indecisión

Buscando el olvido en un mundo de recuerdos, encontrando tu perfume en cada paso que doy, prometiéndome en la noche que ese fue el último día, regresando al mismo camino cuando sale el sol. Rezando por que te vayas bien, pero permaneciendo a tu lado. Oyendo aún la música que te gusta más. Acudiendo como casualmente a los lugares que frecuentas, despidiéndome para siempre, esperando volvernos a topar. Los refugios no nos protegen de las tormentas y las ventanas no nos permiten ya ver lo que pasa. Me siento como el investigador submarino perdido en la cima de una gran montaña. Lamentando cada vez que estás ausente, queriendo irme muy lejos cuando estás conmigo. Dudando de lo que me dices cuando miro tus ojos, dudando de ti cuando vas con tus amigos. Rodando sin freno aunque mi forma es cuadrada. Esperando que las cosas se arreglen por sí mismas. Ansiando estar contigo y sin ti al mismo tiempo, deseando que algún día vuelva yo a estar completo.