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martes, 6 de octubre de 2009

Mientras llegas

Aves como notas musicales en los cables de la luz. Un añejo periodista habla sin parar de su pasado y su mucha experiencia, líder de opinión que gusta de vivir en el ayer. La lavandería abre sus puertas perezosamente, y tú no llegas. Los trabajadores desfilan rumbo a sus oficinas, yo escribo y escribo sin poder detenerme, algunos de ellos caminan y desayunan a la vez, y yo a ti no te logro ver. Tuestan café en algún local, las palomas buscan comida en la acera, pasan y pasan autos a gran velocidad y yo me pregunto dónde estarás. Me duele la mano de tanto escribir, noto que mi letra se deforma, quizás demasiada computadora. Pasan los minutos, haces tu arribo, yo bajo la mano y dejo de escribir. No más lectura, no más escritura, es tiempo de vivir.

martes, 7 de abril de 2009

Los primeros segundos y la espera

El reloj es el principal testigo de mi espera, a la vez de que es el único que me la hace patente, echándomela baratamente en cara. Por dentro estoy más desesperado que un ciclón salvaje, pero por fuera trato de lucir tranquilo, el mercurio del termómetro lejos del individuo febril. El mono de piedra sólo mueve su cabeza, sonríe a lo que mira y se burla de mi espera; como si no hubiese tenido suficiente con el maldito reloj. Decido ver a la gente caminar sin rumbo fijo, quisiera decir de ellos tantas cosas, pero mejor me callo y miro. Al abrir el diario me encuentro con lo bien surtido que está hoy el mercado de la carne. Me pregunto quiénes están en lo correcto y quiénes son los extraviados. Vuelvo a mirar el reloj y pienso en tu aparente indecisión. Te he esperado desde mi infancia y aún no puedo distinguir tu voz. Para pasar el tiempo he besado otras palabras. Con ello sólo compruebo que eres la indicada. La última vez que te ví íbamos viajando en un tren cercano al infierno. Ambos salimos de allí tranquilamente, yo sin saber nada en concreto, tú con el mapa incorrecto. Han sido muchos pasos hasta llegar ante esta mesa, en donde no sé si para ti soy como humo de cigarro o si soy una especie de estrella, lejano y sólo un débil eco de luz con insuficiente luminosidad. El reloj me dice que aunque no me mueva cada segundo estoy más cerca de ti. Imagino que todo llega a su tiempo, sin importar la ansiedad que te enciende. La caja de música tocó su última tonada y ya no hay nadie más que yo en este lugar. Miro la hora y son mucho más de las dos. Parece que seré testigo de otro amanecer, mientras tú me has regalado otra aparente indecisión sin envoltorio. Regreso a casa, tan solo como salí de ella, pensando en ti, recordando que tu llegada puede ser como la de un ladrón apocalíptico. Entonces estaré preparado tratando de no cometer actos que me tengan que hacer suplicarte. Termino sospechando que el reloj no sirve más que para adornar la pared de la que bien se podría obtener mi lápida.

sábado, 16 de agosto de 2008

Esperando

Dos temporales sin tiempo, atorados como un toro en la orilla de una villa. Ignoro cómo llegué a esto, sólo sé que todo empezó cuando dudé de Dios por creer en ti. Entonces las nubes dejaron de ser algodones flotantes para convertirse en visible humedad suspendida, fue cuando tus llegadas se convirtieron en una despedida prolongada. A lo mejor, peor quizás, se deba al cambio de la pluma con la que escribo o a la guerra que los diarios describen, pero las sombras me parecen más oscuras y las ilusiones comienzan a escasear. Lo único que aprendí a tocar fue tu piel y las puertas, lo único que supe afinar fue tu órgano de catedral. Me pregunto si alguna vez quise realmente la manzana o sólo la probé porque se supone que es lo que todos debemos hacer. “Soy totalmente pocilga”, digo como pulga al ver desfilar la moda en absurdas publicidades televisivas. Lo único que ha madurado en mí es mi indiferencia hacia los extraños y por lo que mañana será historia. Mi cometa jamás se elevó más allá de los tres metros, sin importar que soplase mucho viento; viento que se pudo haber llevado todo menos tu recuerdo, el cual me esfuerzo en olvidar, vanidad de vanidades y sólo vanidad, todo en vano. Mientras me acusas de ser el abogado del diablo por decir lo que pienso, por dudar lo que dudo y creer lo que creo, que es poco en realidad. Ya ni siquiera tengo maletas porque no se permite el equipaje en el lugar que me falta visitar, en el fondo espero que ese destino sea ningún lugar. La estación está en desorden, el tren no tiene horario, dicen que llegará como los ladrones o como el fin del mundo. Yo lo esperaré recitando el diccionario.