Con la cultura en el culo (donde muchos creen que debe estar), las sombras flotan sin huella y sin sentido. Todo prefabricado. En serie, no bromeo, a distintas medidas, pero los mismos patrones y ellos, casi todos esclavos, que se creen muy libres. La rebeldía domada, empaquetada, emparentada y apadrinada. La crítica sólo sirve para hablar de intrascendentes series de televisión. Amarrados al tiempo, la moda y la productividad. Sedientos de necesidades creadas. Las mismas opiniones de sus líderes, sólo se cuestionan qué regalar en navidad y en san Valentín. Miran al extraño como si éste fuera de otro mundo, ese extraño que siguiéndoles la corriente les dice: “mi reino no es de este mundo”, que inmundo. Hoy probablemente lo clavarían en una antena que sirviera para transmitir futbol. Y ahora sí somos uno, haciéndonos creer que somos únicos. Todo empaquetado, comunicaciones al alcance de la mano, para ya no decir nada diciéndolo todo. Porque no participas dicen que te sientes patológicamente superior. El pato Donald en el mundo de las matemáticas tenía más razón. Sé que el Reino no es de este mundo, pero entonces no tengo ni idea de dónde puede estar. No veo señales ni rutas que me lleven a él. Me siento también extraño en el lugar donde nací y no soy profeta ni en el extranjero.
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sábado, 8 de agosto de 2009
Tan ajeno
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martes, 26 de mayo de 2009
Si yo fuese tú
Si yo fuese tú, probablemente también optaría por el malabarista de números, ese que tiene los pies bien plantados en la tierra y sabe lo que quiere porque es lo que le dicen que debe querer. Si tú fueses yo, quizás tampoco lo entenderías. Si yo fuese tú probablemente aprovecharía la gracia natural para tener un futuro seguro. Si tú fueses yo quizás ignorarías todo esto. Mi chistera ya no tiene trucos para entretenerte y no me gusta ser lo que complementa a las personas que eliges. Tú me sigues encantando como la primera vez, sólo que el juego que quieres no me gusta jugarlo en trío. Si yo fuese tú, probablemente vería que la vida es una angustia constante y también querría escaparme. Si tú fueses yo quizás notarías que nada tiene sentido. Si yo fuese tú igual habría perdido ya la fe en el amor, si tú fueses yo quizás dirías que en esto sí coincidimos. Y mientras tú me entiendes menos yo ya no te quiero más.
sábado, 18 de abril de 2009
Los amantes errados
Ella era el horario de oficina, él era la eternidad. A pesar de sus purezas cristalinas, no tenían nada de que hablar. Ella siempre tenía prisa, él nunca iba a ningún lado. No me preguntes cómo ni cuándo, pero sé que terminaron juntos. Ella soñaba contando, él le contaba sus sueños, y como siempre la rutina terminó llevándose el velo del misterio. Ella ganaba mucho dinero, él gastaba más de la cuenta. Para ejercer presión sobre él, ella lo obligó a pagar la renta. Ella trataba de cuidar su organismo, él empezó a perder el sentido. Ella se fue con alguien con un futuro sólido, él se quedó durmiendo muy solo. Ahora sabemos que el amor engaña, y nos hace alabar cosas extrañas. Poco es claro cuando estamos en ese estado, y a veces es muy tarde cuando queremos rectificarlo. Ella murió de úlcera y de cáncer, él murió de frío y de hambre. Nadie sabe en dónde están sepultados, pero todos los conocen como los amantes errados.
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domingo, 1 de marzo de 2009
Olfato callejero
Huele a muerto, como el rancio ranchero musical de antaño al que todos recordaron sólo por que se murió, al morir resucitó del olvido. Apesta a perro sucio, pues a los viejos canes de la casa jamás los bañan. Hiede a anciano, un vejete que espera sentado en el lado del conductor de esa gran camioneta último modelo, en la que espera con impaciencia a que descienda su esposa. La misma de siempre. Huele a naftalina, la ropa bien limpia de la añosa mujer que baja, como la economía de mi país. Apesta a diferencia la humilde sirvienta indígena que les abrió la reja de la cochera, para que los dos viejos opulentos metieran su gran camioneta. Hiede a un pasado negro, pero ahora ambos viejos se ven tan inofensivos, sin embargo uno se pregunta ¿cómo es que esos viejecitos vivan en una mansión digna de un joven poderoso? Apestas a crítico, parece decirme la vieja con su mirada al verme pasar. Huele a humedad o al menos eso dijo alguien recientemente acerca de mí. Yo puedo oler a muchas cosas, pero no a humedad. Los viejos entran en su casa seguidos de su sirvienta, y sus perros pestilentes duermen la siesta mientras yo paso de largo por una calle familiar que probablemente no vuelva a recorrer más. Aunque el olfato funcione, el tiempo no se detiene y el destino sigue trabajando. ¿A alguien le importaría realmente que los viejos bañen a sus perros? ¿A alguien de verdad le importa a qué huele un anciano? ¿A alguien realmente le interesa que yo huela a humedad? Vaya manera de despedirme de esta calle tantas veces recorrida.
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jueves, 30 de octubre de 2008
Jalogüí y día de muertos
“Mi calaverita tiene hambre y no ha comidooo, ¿no tiene un dulce por hay? No se los acabén todos ¡déjennos la mitá! Quereeemos jalogüí. Quereeemos jalogüí, Ouí ouí ouí!” Combinación de culturas en mi México a veces no tan lindo pero aún querido, supongo que por ciertas personas más que por el lugar en sí. Tan cerca de los EEUU y tan lejos de Dios. Crecí en una zona arribista, clasemediera, un suburbio submental que mira a los EEUU como ejemplo de nación sin importar qué tan ajenas nos sean las ideas o las formas. No digo que el admirado país del Norte sea malo, ni que sea bueno, sólo diferente a esta caricatura rara del Sur. El lugar donde crecí es una zona donde de repente les dio por rescatar valores culturales propios, pero sin dejar de admirar al jefe mundial. Eso se nota más entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, pues se hace una verdadera mezcla de fiestas entre el día de muertos nacional tradicional y el Halloween, divertido pero importado. Así los niños salen a la calle a pedir su “calaverita-jalogüí”. Y por si la mezcla fuera poca, crecí en un lugar donde la clase media y la pobreza casi extrema conviven como vecinos potencialmente mortales. Desde el 31 de octubre las calles de mi fraccionamiento se llenan de niños disfrazados de fantasmas, duendes, brujas, demonios y piratas, con disfraces hechos en China, pero algunos traídos de los EEUU. También los pobres se contagian, con este carnaval de época fría, y dejan de ser muy tradicionalistas, cambian las ofrendas por el disfraz, y sin querer sonar cruel, muchos niños calaveritas que no requieren de disfraz salen a las calles a pedir limosna que durante esos días se le llama “calaverita” o “jalogüí”. Después de esos días son simples calaveritas que piden limosna. Es curioso vivir en este país que presume de tanta autenticidad y de glorias pasadas, que es una encrucijada, un tanto servil para mi gusto, donde en el fondo se imita lo que se quiere pero que por naturaleza no se puede tener. Donde se deífica al señor Dólar y se pondera la limpieza de las calles del vecino poderoso, donde incluso es grandioso contaminar el lenguaje propio con extranjerismos que parecen llenar de estúpida satisfacción (así la gente se siente cosmopolita, ciudadana del mundo, o de plano gringa). Ya lo dije, no somos ni menos ni más, sólo diferentes.
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