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martes, 26 de mayo de 2009

Si yo fuese tú

Si yo fuese tú, probablemente también optaría por el malabarista de números, ese que tiene los pies bien plantados en la tierra y sabe lo que quiere porque es lo que le dicen que debe querer. Si tú fueses yo, quizás tampoco lo entenderías. Si yo fuese tú probablemente aprovecharía la gracia natural para tener un futuro seguro. Si tú fueses yo quizás ignorarías todo esto. Mi chistera ya no tiene trucos para entretenerte y no me gusta ser lo que complementa a las personas que eliges. Tú me sigues encantando como la primera vez, sólo que el juego que quieres no me gusta jugarlo en trío. Si yo fuese tú, probablemente vería que la vida es una angustia constante y también querría escaparme. Si tú fueses yo quizás notarías que nada tiene sentido. Si yo fuese tú igual habría perdido ya la fe en el amor, si tú fueses yo quizás dirías que en esto sí coincidimos. Y mientras tú me entiendes menos yo ya no te quiero más.

sábado, 7 de marzo de 2009

¿Adónde se fue el cariño?

De la obsesión amorosa al odio intenso tan solo hay una pequeña distancia. Extrañas enfermedades del alma que sólo el tiempo y la suerte pueden curar. Hay quienes prefieren soportar las peores humillaciones antes que sufrir la indiferencia, hay quienes prefieren vivir como lo hacen las piedras. Entre la adoración extrema y la repulsión excesiva sólo hay una separación que mide lo que el grueso de un fino cabello. Aleja de tu persona, como a la peste, cualquier verdad a medias. Huye de la duda. No esperes a que se mueran los mejores sentimientos. No dejes que fallezca el afecto. Muchos se han preguntado lo mismo a lo largo de la historia, y los que pudieron evitar el crimen se lo siguen preguntando: ¿adónde se fue el cariño? Esos momentos de felicidad sobrehumanos se convirtieron misteriosamente en tormentosos recuerdos que te impedirán volver a ser la misma persona. Por eso no dejes que la marea de las dudas termine ahogándote y destruyendo tu sentimiento.

sábado, 16 de agosto de 2008

Esperando

Dos temporales sin tiempo, atorados como un toro en la orilla de una villa. Ignoro cómo llegué a esto, sólo sé que todo empezó cuando dudé de Dios por creer en ti. Entonces las nubes dejaron de ser algodones flotantes para convertirse en visible humedad suspendida, fue cuando tus llegadas se convirtieron en una despedida prolongada. A lo mejor, peor quizás, se deba al cambio de la pluma con la que escribo o a la guerra que los diarios describen, pero las sombras me parecen más oscuras y las ilusiones comienzan a escasear. Lo único que aprendí a tocar fue tu piel y las puertas, lo único que supe afinar fue tu órgano de catedral. Me pregunto si alguna vez quise realmente la manzana o sólo la probé porque se supone que es lo que todos debemos hacer. “Soy totalmente pocilga”, digo como pulga al ver desfilar la moda en absurdas publicidades televisivas. Lo único que ha madurado en mí es mi indiferencia hacia los extraños y por lo que mañana será historia. Mi cometa jamás se elevó más allá de los tres metros, sin importar que soplase mucho viento; viento que se pudo haber llevado todo menos tu recuerdo, el cual me esfuerzo en olvidar, vanidad de vanidades y sólo vanidad, todo en vano. Mientras me acusas de ser el abogado del diablo por decir lo que pienso, por dudar lo que dudo y creer lo que creo, que es poco en realidad. Ya ni siquiera tengo maletas porque no se permite el equipaje en el lugar que me falta visitar, en el fondo espero que ese destino sea ningún lugar. La estación está en desorden, el tren no tiene horario, dicen que llegará como los ladrones o como el fin del mundo. Yo lo esperaré recitando el diccionario.