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martes, 15 de septiembre de 2009

Hoy

Cada día me sorprende, no por lo novedoso sino porque sigo aquí. Lo soporto con resignación bíblica. Ya soy demasiado viejo como para creer en esperanzas e ilusiones, para tratar de cambiar el mundo, imposible de ser cambiado, agonizante sin remedio. Estoy aquí pagando facturas de mis antepasados, y sin poder liquidarlas para los que me siguen. Pero soy demasiado joven como para aceptar la derrota, para declarar el fracaso total ante las circunstancias, aunque no pueda hacer mucho. Mi felicidad es muy pasajera y hasta me temo que artificial, eso me disgusta. Quisiera creer en algo, en un algo que no terminara traicionándome o que no acabara antes de que los hielos se terminen de derretir. Pido demasiado, pero lo necesito. No me puedo rendir, eso sería traicionar al futuro, pero ya no sé cómo luchar y ya no estoy seguro de contra qué luchar. Busco respuestas en el pasado, pero voltear hacia atrás está perjudicándome el cuello. Quiero dejar de quejarme, pero no puedo. Ahora todo plástico y neón. Ya ni conviene soñar. Quiero la ruta de la libertad. Soy un desconocido para mí y tú, tú sólo eres alguien más.

miércoles, 19 de agosto de 2009

lo sabremos

El auto de neón que materializaba tus sueños lo dibujaste junto a una presidencia municipal sin ventanas, mientras en tu mente se proyectaban viejas escenas de Casablanca. Eso era tu vida, películas y sueños de neón. Príncipes sin rostro y rostros de padres potenciales, esos eran tus ideales que ninguna escalera al cielo podría alcanzar. Confundida entres las adúlteras sin amor, con abrigos de curiosidad, tuviste suerte de nacer aquí, eso te salvó de ser blanco de manos con piedras. No puedo decir si esto está bien o está mal, eso puede que lo descubramos ambos si es que existe el más allá. Sacan el palacio de la esperanza a la calle para que algún vagabundo sueñe con él. No hay de dónde agarrarse, ni de dónde sostenerse; si hasta Greta Garbo se desgarbó por la vejez ¿qué podemos esperar nosotros? El ruedo está vacío y ya no quedan toros, sólo bailarines de flamenco que te emulan, contorsionándose de acuerdo a las circunstancias circenses. La vela se apaga y la pluma se queda sin palabras. Es tiempo de que nuestro camino se bifurque sin que sepamos si nos volveremos a encontrar; eso lo sabemos los dos, como siempre en su momento.

lunes, 15 de junio de 2009

Bocetos

En la calle una anciana discute sola en voz alta a las 8 de la mañana, afuera de una tienda departamental que abrirá sus puertas hasta las 11. Los que se dirigen a sus trabajos la ignoran como si la escandalosa vieja fuera parte del acostumbrado decorado. Ella es sólo un boceto para mí. Cerca de allí alguien permanece encerrado en una oficina, y como la anciana, discute solo, pero en silencio, se pregunta qué le deparará el futuro, pues su vida no ha sido lo que él esperaba. La anciana en su locura es más cuerda que el oficinista desesperado. Ella aceptó su situación hace muchísimo tiempo y ahora sólo flota en la vida. Comentándose a sí misma sus recuerdos fabricados y sin pensar en el día de mañana, ni en un mejor porvenir. Ambos son sólo un boceto para mí. La joven mediocre consiguió un trabajo en la lavandería, donde pasa 10 horas diarias ante un televisor a todo volumen, que todos los días muestra lo mismo, pero con distintas imágenes. Ella también es sólo un boceto. La tienda abre sus puertas, la anciana sigue discutiendo y entra, el oficinista sigue frustrado y la joven mira TV. Yo entro a comprar comida. Yo soy sólo un boceto también.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Una pareja conversa

El mundo de las charlas de los viejos, se asombran de aquello que para las nuevas generaciones es lo normal, lo cotidiano. Parecen olvidar que cuando ellos fueron jóvenes, también escandalizaron. Ahora sus recuerdos son con tinte ocre de nostalgia y huelen a naftalina. Visten ropas que les parecen juveniles, y que en realidad son tan modernas como sus añejas ideas. La mujer del grupo, antes una belleza, muestra los surcos que dejaron las sonrisas y los años en su cara, su acompañante ya no está planeando la estrategia para llevársela a la cama. La lujuria también acumula polvo, y para ellos es una vieja leyenda. Voces que se escuchan huecas, frases repetitivas, temblores que no son ocasionados por el nerviosismo. Por ahí se dice que “si tenemos suerte”, todos vamos a acabar así.

Dos en espera del bus

Dos niños gordos como budas felices esperando la llegada del bus, sentados en el suelo con la mirada perdida en un horizonte de concreto y smog. Las roturas actuales de sus dos corazones no son nada en comparación con lo que el destino les depara a la vuelta de una no muy lejana esquina. Gran parte de lo que ahora aprenden de forma académica y sistemática no les servirá para maldita la cosa. Uno terminará levantando valencianas de pantalones, no en España sino en el departamento de caballeros de una explotadora tienda del verdadero tercer mundo. El otro buscará el dinero fácil y terminará siendo un peón relleno de plomo, chivo expiatorio de unos amos de gran poder ilegal. Por eso les conviene no soñar mucho y seguir así sentados como dos budas felices, con miradas perdidas en lo que llega un bus.