La vida llega a ser en algún punto como un cuarto menguante que nunca fue entero. Sofocada respiración en el abandono, terror a la soledad y fobia a la compañía. La ternura y la belleza son dos armas letales, trampas de las que no es fácil escapar. El sexo débil es más fuerte que el hombre, fíjate bien, la razón no es exclusiva del varón. No se puede comprar amor, como tampoco se puede prolongar demasiado la expectativa. El control excesivo, la satisfacción negada, a la larga provocan rebeldía. Manipular el deseo ajeno, y convertirlo en necesidad, es jugar con fuego. La niña de bellos ojos con el fósforo encendido cerca del polvorín. Puedes jalar a un pelele con una delgada cadena de oro, la lindura es capaz de arrastrar más que dos docenas de bueyes o que siete tractores. Pero ten cuidado, eso no dura demasiado, la paciencia no es una virtud generalizada. Cuando te pasas con el hambre sólo despertarás la furia o provocarás una muerte por inanición. No hay mal que dure cien años aunque haya personas que lo soporten. El día de la independencia sólo es un festivo de calendario, todos somos esclavos de algo o de alguien, en todo momento. El amor es un trago amargo cuando no es correspondido, con tintes dulces cuando es de doble sentido. El amor no es un juego, no es ajedrez, el inocente tiende a perder. Los cuentos de hadas distorsionan la visión, pero en el fondo son ciertos, tan ciertos como la filosofía popular o ambiguos como ciertos libros considerados sagrados. Seguro debe haber algo, sino ya nos hubiéramos extinguido. ¿Serías capaz de lanzarte de cabeza al pozo para comprobarlo? Quien no se arriesga no gana, no hay garantías y hay demasiada gente resentida. A pesar de todo es mejor haber amado y haber perdido que nunca haberlo sentido.
domingo, 25 de enero de 2009
jueves, 22 de enero de 2009
Identidad
Enamoramientos unilaterales y monógamos. Ilusión, un truco nada por aquí, nada por allá, el espejismo en el desierto para el que se muere de sed, todo en un teatro vacío. Obra de sombras y música que en nada se asemeja a la de Tailandia. Demasiada Disneylandia, demasiado aislamiento de la realidad. Enamoramiento del avestruz que tiene la cabeza blanca de tanto conservarla bajo tierra. Y creí que eso es amor. Ideales inalcanzables que revolotean entre el Olimpo y las más melosas comedias de Hollywood. Werther se cortó las venas con las páginas de una novela rosa. El primer choque con la realidad fueron unos senos bien formados en una película y una revista guarra titulada “La noche de bodas”, vil pornografía de secundaria. En el lugar de donde vengo no hay suficientes escuelas y sólo hay como tres maestros… con vocación. Pasan los años y la pieza no encaja, pero el hombre es un ser social por naturaleza. Lo dicta la especie, lo lleva en la sangre. Sin embargo en las ciudades todos estamos aislados, parecemos náufragos desesperados por asirnos a algo que flote. Cualquier cosa. Creer que tus manos vacías tienen algo es un sueño, cuando no hay en ellas nada más que aire e ilusión. Luego te cantan la barca de oro y si estás lejos no falta quien llore por la canción Mixteca y extrañe los tamales dulces y salados. El mundo es grande, hay mucha gente, pero el que no encaja nomás no encajará, por más vueltas que dé, hasta que se entere que es como los demás, y entonces, si no se fija, pierde la identidad y empieza a brincar como los borregos, a ver salmones nadar en sentido contrario. Llega un momento en que no puedes ser más que tú mismo, no importa qué dirección hayas tomado, ya no hay marcha atrás. Fundido en vida con el todo o esperar a ser parte del todo hasta después de morir. El ángel que cayó más bajo se ríe desde su trono subterráneo, al menos él ya está acostumbrado. Dizque más vale ser rey en el infierno que uno más en el cielo.
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miércoles, 21 de enero de 2009
Por Corrientes
Hace quince cuadras que dejaste el último McDonald’s (léase: baños públicos en los que no es necesario pagar) y comienzas a sentir el reclamo de la vejiga. “Te lo dije, tomaste demasiada agua, sopa y café”. ¿Cuánto falta para la gran avenida (Corrientes)? Miras el mapa y son exactamente seis cuadras. Por tu mente cruza raudo el pensamiento de “¿qué pasaría si me orino en la pública vía?” Detrás de un árbol, y si te atrapa la policía les dirás que eres un zoólogo que estudia la confusión canina a través de marcas territoriales. (¡Carajo con el pinche vaso caliente!) Pasas por un taller y piensas si les pedirás permiso de deshidratarte un poco en su baño. La pena gana a las ganas, y sigues adelante una cuadra más. La vejiga apremia con su castigo. “Ya casi, ya casi”, te dices autoengañándote de lo lindo. La mano es más rápida que los ojos, y la mente es poderosa, pero descubres que en poder pocos vencen a la vejiga. Resistes. (¡Vaya!, ya le pude dar el primer trago a este café hirviente, aunque me sigo quemando los dedos… Hmm ya me comí dos medias lunas) El frío viene tan inclemente como vino en la mañana, un frío brutal, y dicen que es primavera. Corrientes está a una sola cuadra, ya verás que ahí hay un McDonald’s, sólo que ojalá no esté muy lejos de la calle por donde vienes (Thames). Pasa una chica admirable, pero no hay tiempo ni siquiera para mirarla. Prisa, prisa. ¡Por fin! Corrientes. Hay un café-bar en esta misma esquina. Te asomas y en la avenida ni un McDonald’s a la vista por la izquierda, ni un McDonald’s a la vista por la derecha, bien, decides acercarte al café. Estás a punto de traspasar el umbral del establecimiento, cuando súbitamente ya no tienes ganas de ir al baño. Piensas que esto te otorga tiempo suficiente como para andar a lo largo de corrientes hasta encontrar el Dorado McDonald’s buscado. Empiezas a caminar con rumbo a la dirección que india tu mapa. A la mitad de la cuadra te llama de nuevo la necesidad, sólo que ahora más apremiante que antes. Cruzando la avenida hay un bar y una pizzería, optas por la segunda. Entras y es como viajar en el tiempo, te recuerda uno de esos viejísimos cafés de la Ciudad de México. El mesero y el barman son tan viejos como el lugar. Tomas la única mesa libre cercana a la ventana, la cual está más sucia que tu alma. Ordenas un capuchino (más café) y tres medias lunas. Preguntas en dónde está el baño y en lo que preparan tu café procedes a cumplir prioridades. El baño huele a puro amoniaco, sientes el golpe cuasinoqueador en la nariz. Terminas con la emergencia. Enjuagas tus manos, pero no hay jabón ni papel para secarse. Quisieras seguir adelante pero debes consumir tu café y las medias lunas (que resultan medianamente malas y de lunares, nada). El café está un poco más allá que el punto de hervor, y caliente está también el vaso que lo contiene. Te sientas y en lo que se enfría te pones a escribir lo primero que se te ocurre.
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viernes, 16 de enero de 2009
El error
Una joven blanca, completamente vestida de negro, con grandes gafas oscuras que ocultaban casi la mitad de su rostro, se acerca presurosa arrastrando su negra maleta, como el último vagón de un tren que viaja alimentado por furia, y llega hasta la banca de cuatro asientos, dos de los cuales están ocupados por sendos viajeros cansados. Ella le grita exigente y acusadora a uno de ellos (el que se encuentra más cerca de la orilla izquierda de la banca): “¡Oiga!,¿ha visto mi bolsa?” Su tono es tan ofensivo como desesperado. El tipo -quien dejó de lado el libro que antes de ser interrumpido tan groseramente estaba leyendo (un best seller para freír bien sus pocos sesos y poder presumir que lee)- responde bastante sorprendido y temeroso con un tembloroso monosílabo negativo en minúsculas a pesar del punto en el signo de interrogación previo. La joven sale de escena, igual que como llegó: como un torbellino, para volver casi inmediatamente acompañada de un policía. “Le digo que aquí estaba mi bolsa, no pasó ni un minuto que me fui de aquí y me acordé de ella. Regresé y ya no estaba”. El policía llama por radio a sus compañeros y en la llamada despierta al encargado de vigilar lo que las diversas cámaras de video le muestran en pequeños monitores (hay gente a la que le pagan por ver TV). El Gran Hermano de la seguridad, recién despertado, maldice el hecho de tener que revisar las grabaciones de las cámaras para resolver el misterio de la bolsa desvanecida, abducida, tomada y/o robada, como sea. El policía que está con la joven sonríe y trata de calmarla, cada minuto ella está más molesta que los 60 segundos anteriores. De repente, como un magnífico mago en su último acto de la noche, la joven se agacha y saca triunfante de debajo de la banca una bolsa negra, que resulta ser su bolsa ‘perdida’. “¡Oh!, perdone”, le dice ruborizada la oscura chica al gentil policía, “aquí está, ésta es mi bolsa”. El policía le sonríe, pero no se preocupa por disimular su mirada que claramente, en lenguage esféricamente corporal, le dice “estúpida” a la joven y con la voz le comunica a ésta: “no se preocupe señorita, pasa todo el tiempo. Qué bueno que la encontró”. El policía se va a hacer cosas más importantes que prestarle su atención a una loca. La chica toma su bolsa, también la agarradera de su maleta negra y con una cara tan roja como el tomate más saludable le dice al sentado viajero del best seller: “odio cuando me pasa esto”. El viajero le dice con palabras: “a veces sucede”, pero con la mirada le dice: “estúpida”. Ella se va presurosa, aún con la cara roja, que no se ve tan mal combinada con sus negras prendas. El viajero simplemente retoma su lectura hasta que empiece el abordaje del avión que espera. El otro viajero registra su historia en una libreta.
Sept 17 2008. Roma. Inspirado en algo visto en el aeropuerto de Gatewick.
Sept 17 2008. Roma. Inspirado en algo visto en el aeropuerto de Gatewick.
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miércoles, 14 de enero de 2009
Soñar
Sueños. Fuga nocturna. Rompecabezas de impresiones que no embonan muy bien, o que embonan perfectamente. Proezas imposibles, consumación de pasiones que nos niega la vigilia. El sabor de las mil muertes y volar sin tecnología alguna. Seres queridos resucitados, seres alejados de vuelta contigo. A veces malas experiencias, el encuentro cara a cara con algo más feo que la maldad. Convivencias descabelladas, terrores de los que puedes escapar en el último segundo, o abrazos de los que no quisieras desatarte. En mi caso, cadenas largas de incoherencias barnizadas con su propia lógica. Sólo despierto es que logro descubrir sus absurdos. Para mí los sueños son necesarios, no le creo a quien me diga que son un desperdicio de mi tiempo. Quien dice eso no ha aprendido a valorarlos. No podría yo vivir sin ellos, por eso ¡que vivan los sueños!
martes, 13 de enero de 2009
Ella
Ella es muy hermosa, totalmente. Si compitiera en un certamen universal de belleza ganaría el primer premio, no necesita de jueces, con mi opinión basta. Su mirada es capaz de hechizar, de convertir el agua en piedra y de ablandar las viejas pirámides. Es una mujer linda, sin edad. Su rostro sigue siendo interesante, a pesar del paso de los días y de las noches. Ella es un enigma y una claridad sencilla a la vez. Su voz enternece, es una melodía que ningún genio más que Dios pudo componer. Sus palabras, profundas como el mar o ligeras como el viento, pueden cautivar la atención por mucho tiempo. Ella es ajena a cualquiera, inasible, no la puedes atar. Es también una mezcla de madurez e inocencia, una mujer completa. Pero no es perfecta, el miedo es su talón de Aquiles. Sin embargo la quiero.
lunes, 12 de enero de 2009
Tres tristes gordos
Tres obesos vestidos a la moda, con prendas que al mirarlas le dicen a cualquiera que a los tres obesos les gusta gastar grandes cantidades de dinero. Tres gordos caminando como elefantes orgullosos. Oliendo a fina loción importada. Tres gordos bronceados por el sol de playas famosas, donde hay hoteles con constelaciones de cinco estrellas. Tres cerditos que llegaron en un auto de lujo último modelo, seguros de sí, seguros de conquistar a cualquier mujer (de menos de las que se desenvuelven en el mismo ambiente que ellos). Tres gordos que parecían manejar diestramente un rico vocabulario de 23 palabras. Tres gordos que estacionaron su auto en un lugar prohibido, exclusivo para discapacitados, porque era el lugar más cercano a su destino. Tres marranos que con déspotas modales tratan a la mujer que les vende cigarros. Tres gordos que se comportan como si fueran los emperadores del mundo, excepto cuando están frente a un puerco más poderoso y adinerado que ellos, al cual servilmente le lamen las suelas de sus zapatos. Tres gordos que en poco tiempo serán completamente olvidados. Tres gordos que nos sirvieron a ti y a mí, a sobrevivir media página. Sólo eso.
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