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viernes, 31 de julio de 2009

De vuelta

De vuelta al silencio, al agujero blanco. Al vacío, a la banda de los niños perdidos, a la culpa injusta, al olvido y al vacío, a la desesperanza, a ser un quijote sin cruzada y un dolorido sin causa ni cruz; a leer sin parar y sin volverme lo suficientemente loco para no acordarme. De vuelta a imaginar lo que nunca será, pero ahora lo imaginaré sin ti. De vuelta a escribir palabras con fantasmas, a soñar recuerdos ficticios, a caminar sin sentido, a observar sin involucrarme, a ser el testigo indiferente que colgó de nuevo su protagonismo en una pared. De vuelta al descuido y a la respiración mecánica, a mendigar minutos entre los amigos. Como Sansón saliendo sin ojos de la peluquería, tratando de recordar qué tan brillante es el sol. De vuelta a frecuentar a las hermanas de la caridad, a acariciar el aire, a pagar impuestos existenciales y a dormir de más. De espaldas a todo, de vuelta a la nada.

martes, 2 de junio de 2009

Cupido y la Dulce figura

“Ningún día es soleado aunque no haya ninguna nube en el cielo”, pensando en esta frase ambigua danzaba el Gordo Cupido Fracasado cuidando de que no se le cayeran sus gafas de grueso armazón. Iba desnudo por el parque y saltando sobre un solo pie gritaba: “¡Albricias!, ¡albricias!” Yo pensaba en quitarme ese maldito blanco de mi mente para poder decirte algo. Un individuo, tan negro como la mayoría de las consciencias, y tan estúpido como la mayoría, intentaba correr con sus pantalones bajados a la altura de sus tobillos. Un beso flotaba en el aire, pero no encontraba labios en dónde posarse y se pasó de largo. “Un recuerdo poderoso es lo único que se requiere para amedrentar tu presente”, ese es el dogma de la Eterna Novia Amarilla. En una banca estaba sentado el Anciano Prematuro aterrorizado por la idea de envejecer y hacia él se aproximaba el Muerto cuya obsesión es la muerte. Yo intentaba decirte cualquier cosa, por simple que ésta fuera, pero no se me ocurría nada. El Mendigo De Afecto seguía solicitando limosnas de amor, ahora estaba enamorado de un perro que había lamido su saco. Más de una persona se identificaba con el Mendigo. La Dulce Figura que conquistaba corazones sin esfuerzo intentó decirme algo al oído. ¿Sería algo importante? Jamás lo sabré, yo continuaba preso en la habitación mental en donde creía que estaban las palabras que te tenía que decir. El Gordo Cupido Fracasado comenzaba a darse cuenta que no es bueno del todo (y quizá en absoluto, como pensaría más tarde) mezclar los negocios con lo más profundo de tu persona. Tras este descubrimiento cambió de pie para sus saltos y comenzó a gritar: “¡Maldición!, ¡maldición!” Aquí puedes encontrar el perdón de Dios, de tus padres, hermanos, hermanas, amigos, enemigos, vecinos, jefes, empleados, seres despechados, amantes suegras, cuñadas, carceleros, reyes, envenenados, jueces, acusados y parientes, pero jamás encontrarás el perdón del tiempo. Cuando por fin se me ocurrió algo qué decirte noté que tú, con todo y tu Dulce Figura, te habías ya ido.

sábado, 7 de marzo de 2009

Hacerse viejo

Ella sabe cómo andar entre la multitud, fingiendo demencia, desconociendo a los conocidos, y tú también decides negarla aunque no haya un gallo que cante tres veces. No hay nada por hacer ya que no se puede retroceder el tiempo, no queda más que tragar y aprender, aceptando que todos somos más viejos. Él se queja de haber entregado todo sin recibir nada a cambio. Pero para ser sinceros ella jamás lo obligó para que hiciera eso. No es válido ofrecerse y luego empezar por ello los reclamos y el arrepentimiento; mejor es sacar pecho y aceptar que uno se va haciendo viejo. El tipo del ego gigante, quien respira aplausos decide ignorar que algún día caerá en el olvido; y esto no es ningún error, es simplemente la ley universal del destino. A veces es sutil como una caricia, otras es fuerte como latigazo, pero siempre llega el descubrimiento de que a pesar de nuestros esfuerzos en contra, nos vamos todos haciendo más viejos. Silencioso en una habitación fría, conoces en carne viva el significado del abandono. La felicidad duradera por estos rumbos es demasiado escasa cuando también es escaso el dinero. Si fueses un genio desde tu lámpara podrías pasarte la vida riendo, pero a pesar de eso no evitarías el irte haciendo más viejo. Intentas robar doncellas en tu afiebrada imaginación, intentas montar caballos que ya tienen dueño. Mi corazón está demasiado aturdido, apenas y siento, sólo sé que a cada momento me voy haciendo más viejo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La compañía

El llanero solitario tenía a su indio y posiblemente un gran parásito en las tripas. El indio se llamaba Toro, o Tonto, o igual era las dos cosas. Dicen que el quijote tenía a su Sancho Panza, con prominente barriga según lo pintan. No importa que ambos lacayos supieran que sus jefes estaban locos, lo importante era hacerse compañía para conversar. Yo he ido a algunas partes pero me tengo que guardar las conversaciones o escribirlas, como lo hago ahora, porque no tengo escudero, excusa, disculpa, ni perro que me ladre. París fue un buen lugar, y aunque estuve algunos momentos con un buen alemán que me sirvió de guía y con una mujer más buena que el alemán, estuve realmente solo, como lo he estado siempre que viajo. Lo que pudiera preocupar es que quizás ya me acostumbré a la compañía mía que sólo yo me proporciono, y por eso ya ni siquiera puedo tener amistades esporádicas. Esto es preocupante por un pequeño detalle: estoy comenzando a aburrirme de mí. Todo iba bien mientras me sentía una persona interesante. Las lecturas me distraían gratamente y las películas eran valiosas fugas momentáneas. Ahora ya no hay autores que me sorprendan como antes (y no creo haber leído tanto como pudiera pensarse) y las películas me parecen variaciones del mismo guión. Por otro lado, parece que al fin me conocí y con eso perdí mi capacidad de sorpresa. ¡Está bien! Si tuviera un Tonto o un Sancho Panza, una Julieta o una Otela, las cosas podrían ser peor, estaríamos dos a disgusto en vez de sólo uno. ¿Para qué buscar ya un socio o una compañera?, ¿para conseguir un chivo expiatorio que lave mis frustraciones?, ¿para tener a quien poder recriminar por teléfono?, ¿para competir con alguien y descubrir quién tiene el grito más elevado del vecindario?, ¿alguien para medir fuerzas y voluntades y saber qué tanto podemos aguantar antes de de caer en la violencia verbal y luego en la física? Hay que tener cuidado porque el egoísmo prolongado puede ocasionar la pérdida de la capacidad de amar. Otro problema es que cada vez me produce más pereza conocer a alguien (para lo que sea). Ya no se me ocurre qué decir después del primer “hola”. Y la verdad eso me tiene sin cuidado. ¿Me convertí en lo que temía? Pavor me daba ser un materialista aislado del mundo, centrado en sus posesiones más que en sus posiciones. No, realmente no soy el Jeckyl de ese Hyde (igual soy el Hyde del Jeckyl). No soy tan materialista, sólo un comodino indolente que se queja en su pasividad, pero que no quiere ya dar ningún paso. Me la paso pasando en el juego de la vida. Aún podría despertar de nuevo, reinventarme otra vez, aunque no estoy convencido de ello, pero ya también me cansé de estar dormido. No hay sangre ni vino que puedan redimirme de este tedio, no hay cielo ni infierno que me motiven o asusten. Es el vacío con todo, o la nada llena, da igual. ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué sigue? Ya ni la curiosidad me alienta. Mi voz suena cansada. Hay cada vez menos qué decir. Me creí hasta mis mentiras y ahora ya no puedo creer. No puedo dejar de pensar en Dios, pero ¿hasta cuándo se mantendrán apilados los guijarros de mi fe? Esto me recuerda a la estación de trenes de Torreón, pero con la diferencia que entonces conocía la hora aproximada en la que llegaría el último tren. Bien, tengo el boleto en la mano, por lo menos eso creo, veamos qué tan lejos llega mi paciencia. El cielo comienza a nublarse, iré a protegerme antes de que empiece la tormenta. ¿Cuánto tardará en llegar el tren? Si ves en los clasificados un anuncio que solicite Toros, Tontos o Sanchos, no lo respondas, lo más seguro es que se trate de un potencial ladrón de tu tiempo.