“Ningún día es soleado aunque no haya ninguna nube en el cielo”, pensando en esta frase ambigua danzaba el Gordo Cupido Fracasado cuidando de que no se le cayeran sus gafas de grueso armazón. Iba desnudo por el parque y saltando sobre un solo pie gritaba: “¡Albricias!, ¡albricias!” Yo pensaba en quitarme ese maldito blanco de mi mente para poder decirte algo. Un individuo, tan negro como la mayoría de las consciencias, y tan estúpido como la mayoría, intentaba correr con sus pantalones bajados a la altura de sus tobillos. Un beso flotaba en el aire, pero no encontraba labios en dónde posarse y se pasó de largo. “Un recuerdo poderoso es lo único que se requiere para amedrentar tu presente”, ese es el dogma de la Eterna Novia Amarilla. En una banca estaba sentado el Anciano Prematuro aterrorizado por la idea de envejecer y hacia él se aproximaba el Muerto cuya obsesión es la muerte. Yo intentaba decirte cualquier cosa, por simple que ésta fuera, pero no se me ocurría nada. El Mendigo De Afecto seguía solicitando limosnas de amor, ahora estaba enamorado de un perro que había lamido su saco. Más de una persona se identificaba con el Mendigo. La Dulce Figura que conquistaba corazones sin esfuerzo intentó decirme algo al oído. ¿Sería algo importante? Jamás lo sabré, yo continuaba preso en la habitación mental en donde creía que estaban las palabras que te tenía que decir. El Gordo Cupido Fracasado comenzaba a darse cuenta que no es bueno del todo (y quizá en absoluto, como pensaría más tarde) mezclar los negocios con lo más profundo de tu persona. Tras este descubrimiento cambió de pie para sus saltos y comenzó a gritar: “¡Maldición!, ¡maldición!” Aquí puedes encontrar el perdón de Dios, de tus padres, hermanos, hermanas, amigos, enemigos, vecinos, jefes, empleados, seres despechados, amantes suegras, cuñadas, carceleros, reyes, envenenados, jueces, acusados y parientes, pero jamás encontrarás el perdón del tiempo. Cuando por fin se me ocurrió algo qué decirte noté que tú, con todo y tu Dulce Figura, te habías ya ido.
Mostrando entradas con la etiqueta Decepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Decepción. Mostrar todas las entradas
martes, 2 de junio de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
Guía
Tras ver una firme decisión en mis ojos ella apretó su mano derecha, con la que estrechaba mi izquierda. Estaba dispuesta a seguirme adónde yo fuera, pero no di ni un paso. Ella esperó unos decentes segundos, con la expectativa de iniciar el camino, ser guiada hacia algún lugar, pero no hubo más movimiento que la respiración de ambos. “¿Y ahora?”, le pregunté, “¿hacia dónde vamos?” Ella se tornó decepcionada, soltó mi mano y se marchó. Yo quedé confundido. Al parecer se fue con el atardecer, creo que jamás la vi de nuevo.
Etiquetas:
camino,
Decepción,
en lo que tes esperaba,
esperanza,
Guía para la vida,
ilusión,
pareja
viernes, 6 de marzo de 2009
Decepción
Cansado de la necesidad y de las rivalidades, Venus y Marte son sólo planetas y nosotros animales. Me cansa rogar y no me gusta verte llorar. El mundo gira, sin importar que estemos solos o acompañados; no le interesa que soñemos o que nos desengañemos. El viejo bulevar pavimentado con trozos de corazón, huele a amor no correspondido y a la rutina profunda como precipicio. Caí ante ti por tu belleza, creí que tenías grandeza, decepcionado, como si hubiera probado un dulce salado. Ahora no sé si debo continuar a tu lado, cansado de contar a todos lo que me pasa, cansado de pintar lo que a todos pasa. Quejas o conformismo, explotación e idiotismo. Lo más raro es que no estoy enfadado, sólo desilusionado, cínicamente echado a un lado. El viejo bulevar, pavimentado con ambiciones olvidadas. Por allí te veo pasar, pero no dices nada. Caí a tus pies por tu belleza, y pensaba que también tenías nobleza. Decepción, como el número equivocado. No debo continuar a tu lado.
Etiquetas:
amor,
cansado,
Decepción,
desengaño,
indiferencia,
indolencia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)