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sábado, 12 de septiembre de 2009

Como Van Gogh

Igual que el viajero que se queda mirando cómo se va el último tren, que perdió por quedarse a admirar el ocaso. Igual que la novia en el altar, abandonada porque con ella jugaron, aquel viejo juego que tantas veces ella jugó. Me quedo yo tratando de descifrar mi destino en las aguas del río, sin hilo, sintiéndome como se sentía Van Gogh. Suspirando en la almohada como la viuda que nunca tuvo pareja. Soñando como la virgen cuyos blanco ropajes el tiempo percudió. Viendo que mis zapatos están ya muy desgastados como para seguir andando. Me quedo sentado sintiéndome como se sintió Van Gogh. Pero aunque no tenga colores de furia, y aún conserve mis dos orejas, escucho muy bien tus palabras y sigo admirado de tu belleza. Quizás haya una bala por allí que lleva marcado mi nombre, pero dudo mucho que ella sea disparada por mí. Como el náufrago que se cansó de arrojar mensajes al mar. Como el autor de la ferviente carta que nunca se entregó. Guardando en mí todo aquello que quise entregarte, me veo obligado a renunciar, sintiéndome como se sintió Van Gogh. El cielo de zafiros estaba mucho más allá de mi alcance. El signo de Caín brilla en mi frente aún cuando no me pega el sol. Es muy probable que me toque caminar por este sendero, sintiéndome tal y como se sintió Van Gogh.

viernes, 31 de julio de 2009

De vuelta

De vuelta al silencio, al agujero blanco. Al vacío, a la banda de los niños perdidos, a la culpa injusta, al olvido y al vacío, a la desesperanza, a ser un quijote sin cruzada y un dolorido sin causa ni cruz; a leer sin parar y sin volverme lo suficientemente loco para no acordarme. De vuelta a imaginar lo que nunca será, pero ahora lo imaginaré sin ti. De vuelta a escribir palabras con fantasmas, a soñar recuerdos ficticios, a caminar sin sentido, a observar sin involucrarme, a ser el testigo indiferente que colgó de nuevo su protagonismo en una pared. De vuelta al descuido y a la respiración mecánica, a mendigar minutos entre los amigos. Como Sansón saliendo sin ojos de la peluquería, tratando de recordar qué tan brillante es el sol. De vuelta a frecuentar a las hermanas de la caridad, a acariciar el aire, a pagar impuestos existenciales y a dormir de más. De espaldas a todo, de vuelta a la nada.