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miércoles, 27 de mayo de 2009

Pendiente

El número de escalones que hay de aquí al cielo es igual a la cifra de días que le restan a tu vida. Estoy hablando de matemáticas puras, ignorando por completo la moral. El número de golpes que alguien tiene que darse antes de conseguir lo que más desea, es equivalente al número de hombres que buscan lo que para ellos vale la pena. El número de veces que iré a buscarte a tu casa, será directamente proporcional al número de mis decepciones. Por eso desde ayer ya no me esperes, porque hoy estoy en el circo, entre cristianos y leones. El número de poemas que me quedan por dedicarte, son muchos como para poder contarlos; aunque realmente no hablan de ti, mujer, sino de las cosas que cometemos los humanos. El número de líneas que quedan a esta canción, dependen de qué tan aburrido me sienta, además los minutos ya no alcanzan y el tiempo me apremia…

sábado, 16 de agosto de 2008

Esperando

Dos temporales sin tiempo, atorados como un toro en la orilla de una villa. Ignoro cómo llegué a esto, sólo sé que todo empezó cuando dudé de Dios por creer en ti. Entonces las nubes dejaron de ser algodones flotantes para convertirse en visible humedad suspendida, fue cuando tus llegadas se convirtieron en una despedida prolongada. A lo mejor, peor quizás, se deba al cambio de la pluma con la que escribo o a la guerra que los diarios describen, pero las sombras me parecen más oscuras y las ilusiones comienzan a escasear. Lo único que aprendí a tocar fue tu piel y las puertas, lo único que supe afinar fue tu órgano de catedral. Me pregunto si alguna vez quise realmente la manzana o sólo la probé porque se supone que es lo que todos debemos hacer. “Soy totalmente pocilga”, digo como pulga al ver desfilar la moda en absurdas publicidades televisivas. Lo único que ha madurado en mí es mi indiferencia hacia los extraños y por lo que mañana será historia. Mi cometa jamás se elevó más allá de los tres metros, sin importar que soplase mucho viento; viento que se pudo haber llevado todo menos tu recuerdo, el cual me esfuerzo en olvidar, vanidad de vanidades y sólo vanidad, todo en vano. Mientras me acusas de ser el abogado del diablo por decir lo que pienso, por dudar lo que dudo y creer lo que creo, que es poco en realidad. Ya ni siquiera tengo maletas porque no se permite el equipaje en el lugar que me falta visitar, en el fondo espero que ese destino sea ningún lugar. La estación está en desorden, el tren no tiene horario, dicen que llegará como los ladrones o como el fin del mundo. Yo lo esperaré recitando el diccionario.