martes, 27 de octubre de 2009

Miss Durazno

Miss Durazno (o la señorita Peach) sonreía orgullosa debido a su famélica estampa. Había logrado lo que la ma’ tormenta le impuso como meta en la vida desde el día en que nació (tres meses y medio después de ser concebida, según ma’). Miss Durazno era la reina de la belleza mundial por 365 días terrestres (los plutonianos no saben a cuánto equivale ese tiempo en Mercurio). Todo un año de sonrisas y eventos, ninguno de los cuales le exige a Miss Durazno el uso de sus dos flamantes neuronas (19 años y aún tenían olor a nuevo). Besos de mariposas que se posan en ninguna mejilla. El peso del pesimismo me agobia, pero como cualquier pesimista prefiero llamarme realista. Ma’ tormenta va de salida y Miss Durazno tiene, en teoría, de frente toda su vida. ¿Qué hará en el futuro cuando termine su reinado? No siempre se tienen 19 años.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Sólo nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras. Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarse ni un por qué. Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo. Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña. Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos. Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito. Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

sábado, 17 de octubre de 2009

Lo que dijo la cabra que hablaba

La noticia salió en primera plana: nació una cabra que habla. Anunció más de tres cosas y menos de diez. Anunció cosas que aterran y que conviene saber. Que no valen las palabras sino el afecto sincero. Que nadie quisiera ser sobrino de Ricardo III. Que para ser inmortal en tus obras necesitas estar muerto y que no es tan feliz quien siempre parece contento. Que el final de nuestro idilio fue ayer y que el final del mundo será mañana, esas cosas predecía la cabra que hablaba. Y antes de morir dijo que solemos confundir el amor con los caprichos, que sólo la vida nos mantiene vivos, que no hay democracias, ni hay masas con cerebro y que debe estar siempre prohibido pensar en lo eterno.

martes, 13 de octubre de 2009

Sola

Extraña manera de esperar el momento. Sentada con sus ochentaytantos años repartidos en sus posaderas (cuarentaypico en cada glúteo). Mirando al infinito. Sola en la mesa ante una taza de café. Junto al suyo hay otro mantel con cubiertos. ¿Espera a alguien más y no sólo al momento final? Es un café de segunda, de esos que pertenecen a cadenas de supermercados. Ella intenta disimular su edad con el cabello teñido de un tono tan oscuro como el de ningún cabello natural. Sus gafas son de grueso armazón y con lentes que parecen robados a un gran telescopio. Huele a muchos años, por más que intente disimularlo con perfume intenso. Huele a últimos días. Es curioso cómo la vida desperdiciada y la vida bien aprovechada huelen igual a esta edad. Probablemente está recordando un amor vivido o imaginado, estas alturas ya todo resulta lo mismo. Todo se confunde. Espera sin esperar y sin embargo tiene miedo de dar el paso final. ¿Será el miedo a lo desconocido? Esos temblores nerviosos y esos achaques la tienen harta. Pero ha aguantado tanto que siente que ya no vale la pena apresurar nada. Algunas veces pensó que la vida termina y uno es olvidado tarde o temprano. Ahora sabe que para ser olvidado no es necesario morir, sólo basta vivir lo suficiente. Le gustaría morir en su cama, durmiendo; y le da pavor perecer en un lugar público, como este café, o en la calle. Piensa en eso mientras le da un sorbo a su bebida, ahora tan fría como su corazón. Si tuviera mucho dinero igual y sería atractiva para algún joven, pero apenas tiene para ir al día y suprimir a medias sus carencias. ¿Quién irá a su funeral? ¿Sus nietos y bisnietos?, ¿los pocos hijos que le quedan vivos? Irá el que se sienta comprometido, nadie irá porque la quiera, si la quisieran no la dejarían tan sola. Y sola la dejaré también, perdida en su olvido.

martes, 6 de octubre de 2009

Mientras llegas

Aves como notas musicales en los cables de la luz. Un añejo periodista habla sin parar de su pasado y su mucha experiencia, líder de opinión que gusta de vivir en el ayer. La lavandería abre sus puertas perezosamente, y tú no llegas. Los trabajadores desfilan rumbo a sus oficinas, yo escribo y escribo sin poder detenerme, algunos de ellos caminan y desayunan a la vez, y yo a ti no te logro ver. Tuestan café en algún local, las palomas buscan comida en la acera, pasan y pasan autos a gran velocidad y yo me pregunto dónde estarás. Me duele la mano de tanto escribir, noto que mi letra se deforma, quizás demasiada computadora. Pasan los minutos, haces tu arribo, yo bajo la mano y dejo de escribir. No más lectura, no más escritura, es tiempo de vivir.

sábado, 3 de octubre de 2009

El hielo quema tanto como el fuego

Tras varios días de intensas reflexiones y genuflexiones, el barbero epiléptico creyó llegar a la respuesta de por qué no tenía clientes en su negocio y por eso tapizó todas sus paredes con fotografías de bellas mujeres desnudas en decididas poses apasionadas. El viejo cumple ahora cadena perpetua por haberle cortado accidentalmente la yugular a un adolescente lascivo. El piloto invidente se mató solo en una curva más sinuosa que la silicona de una actriz de moda y el único que rezó por él fue el sacerdote ateo mientras bautizaba a su niño no planeado que con los años se convertiría en el profeta adivino historiador heredero fiel de Heródoto. Todo esto lo recordé al probar la bazofia que preparó el chef sin sazón en un restaurante bajo techo al aire libre. Recordemos que en ocasiones el hielo quema tanto como el fuego.

viernes, 2 de octubre de 2009

Confesiones conflexionadas (cornflakesionadas) a la medida de la regla con que me midieron

Enfriado, de planeta en planeta, plantado sin planes, como el menos principal de los príncipes, conociendo a desconocidos y perdiéndome a mí en el desconocimiento. Píntame una pinta de cerveza y te presento a mi Mr. Hyde (Park). Así pasó hasta que me bien perdí malamente en ese laberinto con minotauros robados de la Plaza de las ventas (que por entonces ya estaba en renta y posiblemente iba a cambiar su nombre por el de Plaza McDonalds o Plaza Hewelett Packard). Y el fulano que veía en los espejos era un total extraño. Añoro cuando me reconocía. Ahora, con 100 kilos propios encima, esos al menos se pueden quitar, con algo de voluntad, ojalá se fueran como volutas de humo, trato de retomar abstemiamente el camino que me lleve a estar bien conmigo. Nunca en domingo dijo la griega, y yo me empiezo a tomar mis grajeas para poder dormir.