martes, 31 de marzo de 2009

Mis 25 (cosas) a mis casi 50

Con esto empiezo el final, todo lo que empieza acaba y todo lo que sube, baja (menos los precios).
1. Me encanta el idioma español. Alguna vez en el pasado lo odiaba, muchas reglas muchos acentos, mucho mucho. Prefería el inglés. Ahora adoro el idioma español (en serio).
2. Soy muy soberbio. Desplantes de divo. Eso dicen, igual tienen razón, pero creo que lo que espero es un respeto de parte de los demás similar al que muestro por ellos. ¡Nah!, ¿a quién engaño? Creo que si soy soberbio, pero eso no me honra. Llevo 41 años tratando de arreglar eso. La soberbia es síntoma de inseguridad, por eso procuro usar siempre cinturón.
3. Esta especie de confesionario me recuerda a un juego de la primaria. No recuerdo muchas cosas de la primaria. Mi memoria es buena, pero creo que ya se mezclan en ella los recuerdos verdaderos de los inventados.
4. Soy adicto a la lectura. Cualquier adicción es mala, incluso esa. Creo que me gusta leer no para aprender ni conocer, sino para fugarme. Me gusta el cine y la música.
5. Las buenas conversaciones son uno de los mayores placeres que tiene la vida para mí.
6. Creo que “la vida está en otra parte” debe ser mi lema (y eso es contra mi voluntad).
7. Comprobado, cada que bebo (en demasía, lo cual es frecuente), sufro el síndrome del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Ya no me gusta. Hmmm esto no debe ser sorpresa para nadie.
8. Enrique Bunbury, Andrés Calamaro y Joaquín Sabina, son para mí los mejores compositores-letristas que hay en español. Dylan es divino, el mejor en general.
9. Tardé mucho años en probar las drogas porque siempre he creído que tengo drogas incluidas. Igual empecé a experimentar cuando se me terminó la dosis interna/natural.
10. El diez es un número presuntuoso, igual el 100. No me gustan las matemáticas, pero cuando no pienso que estoy haciendo matemáticas las cuentas me salen bien. Creo que con ellas tengo pánico escénico. Los números me intimidan, prefiero las letras.
11. Ahora soy muy miope (no sé si culpar a los libros o a la computadora, o a ambos), todo adquiere tintes impresionistas más allá de los tres metros contados a partir de la punta de mi nariz. Al menos tengo la ventaja de tener grande la nariz.
12. 25 cosas sobre uno es una lista muy larga. No me gustan las biografías no autorizadas. ¿Quién carajos le da el derecho a quien escribe esas cosas a decir lo que el biografiado (¿existe esta palabra?, bueno el tipo(a) que es objeto de la biografía) no quiere/quiso decir? Me encantan las autobiografías aunque sean realmente mitografías.
13. Creo que mi única vocación verdadera es carecer de vocación verdadera. Lo más cercano a vocación para mí es escribir y tener buenos amigos. Aunque lo segundo más que vocación es una suerte divina.
14. Tengo que vivir al menos un año en Buenos Aires.
15. Soy muy visceral (eso no significa que mi abdomen sea muy abultado, bueno lo es, pero no lo dije en ese sentido).
16. Hmmmmta, 25 cosas, son muchas. Me dan miedo los fantasmas y las cosas sobrenaturales. Agradezco no tener el sexto sentido como el de la película de Bruce Willis y no ver deambular gente muerta. Realmente lo sobrenatural me aterra.
17. Quisiera que al morir todo se acabara. Nada de vida eterna, nada de reencarnación. Una vez es más que suficiente para mí.
18. El trabajo es un medio, no un fin. Necesario. Soy un vagabundo que prefiere tener dinero. Con la edad uno se acostumbra a la comodidad, de hecho la exige. Sin embargo también me aterra la vejez. Me choca estar en el umbral de ella. Quien dice que la vida empieza a los 40 miente. La vida empieza en el momento en que uno nace y cada momento y edad de la vida es importante.
19. El ser humano no es bueno por naturaleza (Rousseau además de tener demasiadas vocales en su apellido se equivocaba). El hombre es un ser extraño. Puede ser bueno, pero no creo que sea por naturaleza, sino por compromiso. En general el hombre es un holgazán moral. Prefiere ser guiado, busca quién le diga qué hacer y por dónde ir. Siempre necesita un líder. OK, no todos los hombre, pero sí la mayoría. “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset (es uno sólo, pero con un rimbombante apellido) es un libro que no sé si me influyó mucho o me identifiqué mucho con él. Ahí se habla del hombre como un holgazán moral. Gracias a Dios siempre hay excepciones a todas las reglas.
20. Hay veces que añoro creer en una religión. Creo en Dios, o en una fuerza divina, pero no creo en ninguna religión. Ellas son simplemente creencias institucionalizadas. Realmente le tengo tirria a San Pablo por encargarse de hacer del cristianismo una institución.
21. Me qeuivoco (quise decir “equivoco”) con frecuencia y mis propias palabras suelen ser el elemento más común de mi dieta. Espero ahora tener menos errores que aciertos, pero no sé, eso sólo el tiempo lo dirá, y el tiempo jamás habla, sólo pasa. Errare humanum est. Ese es de los pocos latinajos que conozco. No me gustó “El nombre de la rosa” porque se me hace un libro interesante, pero pedante, lleno de frases en latín (ninguna de ellas traducida). Alea jacta est. Requiscat in pace.
22. Me gusta mi letra manuscrita, sobre todo cuando estoy de mal humor.
23. Me gusta mucho el Pato Donald (Mickey Mouse me desagrada, nadie puede ser tan ‘buena persona’). Las caricaturas de Tom y Jerry me hacen reír mucho (de niño las odiaba, son muy estridentes) y no creo que sean para niños.
24. Soy muy muy impaciente (¿ya se va a acabar la lista?)
25. Capricho es una palabra que me disgusta.
Ese soy y un poco más.
M

domingo, 29 de marzo de 2009

Palabras que sobran

Después de que se ahoga el niño tapan el pozo. La retrospectiva es una ciencia exacta. Es algo raro estar en el lugar donde hay que comprar para sentirse vivo. Por lo tanto hoy estoy medio muerto, en el día que dicen que es el más triste del año, por las circunstancias climáticas. No me siento mal, pero podría sentirme mejor. No hago caso al hombre que habla del clima por televisión, porque ni televisión tengo. En la isla desierta, que es en realidad una península, estoy sin estar. Estirando palabras como ferrocarril, o como desoxirribunucléico hasta que se rompan. El rompope de las monjas no produce embriaguez, primero caerás asqueado.

He visto a muchas personan jurar en vano y sin embargo creo que lo hicieron honestamente, lo sé porque yo mismo me he propuesto cosas que con el tiempo olvido. Por eso debemos de dudar de quien promete algo para siempre, aunque sea sincero, pues si le crees es probable que termine lastimándote sin haber tenido la intención de hacerlo. A veces esto último es lo que más duele. Los fatigados peregrinos de la rutina continuaban su imparable desfile ante mi desatenta indiferencia, ignorando las gónadas en ganga de la gangosa con gangrena. “Es mucho pedir, dijo Pedro, el de la camisa azul y pantalones oscuros acerca de la disciplina que su hermana le pedía a través de un teléfono celular. Una mujer con celulitis circulaba presumiendo sus malformadas y descuidadas piernas con una minifalda que nadie en las islas Bikini se atrevería a usar. Yo me puse a pensar que las corbatas no sirven más que para colgarse los colores al cuello. Una mujer cuyo nombre había olvidado (no yo, sino ella) le decía a su acompañante anónimo que era muy mala para aprehenderse la letra de las canciones. Su papá había aprendido en la cárcel muchas tonadas en la harmónica, era un guardia que no tenía nada de ángel más que el nombre, pero había muerto sin aprehender tampoco ninguna letra (el tipo murió sin deudas). A mí me importaba un bledo la letra que escapaba de esa mujer, por eso intenté contar cuántas rubias naturales pasaban delante de mí. Conté 75, pero sospecho que muchas de ellas eran beneficiadas por la química estética moderna. Un pobre diablo repartidor a bordo de una motocicleta destartalada se sentía rey por un día al conducir lentamente por una calle estrecha, impidiendo el paso a dos docenas trágicas de automovilistas que intentaban acelerar detrás de él. En la noche el pobre diablo (y más de uno de las dos docenas) llegaría a su casa a probar con la lengua el sabor de las suelas de su suegra. Hechos de la vida, yo por eso no estoy interesado en las carreras de caballos ni en las acciones de la bolsa inactiva. Por otro lado me pregunto ¿de qué sirve dejarte constancia de mis tiempo si tú, igual que yo y que todos los demás, vas morir algún día para después, igual que yo y que todos los demás, serás completamente olvidado? Dichosos los triunviros virulentos monos que no ven, no oyen y no escriben.

“Hmmm” dijo él como única respuesta. “¿Qué opinas?”, dijo ella con esa típica urgencia que nace de la culpa no confesada. “No sé si decirte una brutal verdad o una piadosa mentira”, respondió él por fin, como una forma de ganar tiempo. “Dime la verdad”, dijo ella, quien por cierto, de postularse en la competencia bien ganaría el ‘Pinocho del año’. “Está bien”, dijo él, con una seguridad y aplomo sacados de la manga de un árbol de Manila, “haré lo que cualquier diplomático y te diré falsas verdades barnizadas de belleza”. Ella sonrió satisfecha.

En el radio sonaba la misma canción cansada de hace treinta años (como si nadie hubiese escrito nada que valiera la pena desde ese entonces). De repente la transmisión fue interrumpida por un hábil aviso que decía: “pronto, inscríbase al curso ‘el arte de saber personar’ y termine con esos odiosos odios, irónicas iras y fructifique sus frustraciones de una vez por todas. Comuníquese al 5555555555. El curso se impartirá en el centro nacional de la cultura y la promoción del arte. Y perdónenos la interrupción de su cascada canción”. El viejo tema fue reanudado sin atarse, exactamente donde había sido interrumpido sin permiso.

La mayoría de las personas en el recinto, como la mayoría de la humanidad, llegaban en ocasiones a formar ideas que pensaban serían demasiado ridículas como para ser expresadas. Nadie en el recinto resultó ser como esa escuálida minoría que expresan sus ideas y terminan siendo ricos por eso.

La mayoría del tiempo me pregunto: “¿qué hago en este mundo?” Sé que más de una persona me respondería con la palabra obvia: “vivir”; entonces yo arremetería con “pero ¿cuál es el sentido?” Algunos dirán que debo ser alguien en la vida. Hmm, como si pudiese existir (o hubiese existido) alguien que no terminará, tarde o temprano, siendo sepultado por las espesas arenas del tiempo. Otros dirán que el fin es amar. ¿Amar a qué o a quién? ¿Qué sentido tiene dedicarle la vida a alguien? ¿Acaso amar a la humanidad? ¿Qué caso tiene el amor que no es correspondido? El amor platónico es tan absurdo como tratar de usar una bolsa de plástico como abono natural. Habrá quien diga: “mira cómo te bendice el Cielo”. Y yo creo que así como hay muchos en peor situación que la mía, hay también algunos en mejor lugar. Honestamente no me gustaría ser ni unos ni otros. Ese no es el punto. Yo quiero saber cuál es el sentido de haber nacido. Cuando tenía fe, creía que esta vida era una prueba a la que nos somete Dios. ¿pero qué gana el todopoderoso con probarnos? ¿Somos su juego y lo hace para tener algo en qué divertirse en sus ratos de eternidad? La respuesta creo que no la obtendré nunca en esta vida, y si esta vida no me conduce a esa respuesta entonces ¿cuál es el sentido de vivir? Dejando a un lado la divinidad, si alguien se atreve a decirme que el objetivo es mejorar el mundo, le diré que no, que este mundo no cambia esencialmente. Cuando algo se modifica pronto regresa a su estado inicial y así todo se mueve en un círculo vicioso. Ojalá estos pensamientos fueran producto de mi enojo, pero no estoy enojado, simplemente confundido. Quizá ese sea el verdadero sentido de la vida: aceptar la confusión y después vivir como si nunca se hubiese pensado en ello, hasta ser sorprendidos por esa especie de ladrón nocturno que termina arrancándonos la vida. La vida puede ser, solamente, respirar hasta expirar. La perfección del absurdo. ¡Buen viaje!

La raja anaranjada rajaba la mañana porque según la roja Scarlett “mañana será otro día”. Y pobre de aquél que no sonría, pues será el hazmerreír de todos los que vean la foto. Alguien aprendió que el deshojar margaritas no solucionará su vida amorosa, si ésta ha estado siempre destinada al fracaso. Ni Heracles podría solucionar ese problema. Tarea tardía que tergiversa la homilía. De repente las noches del verano se transforman en el verano pasado, tan pesado como aquellos que confundidos buscamos el sentido al ritmo de nuestro corazón. Cierra la billetera amigo, eso sólo puede comprar bienes, salud y amor, hasta cierto punto. Yo me divertiré observando a los que maldicen a Colón dos mil años después.

¿Qué mas queda por hacer cuando hay urgencia por escribir, pero se carece de una historia? Dicen que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla. Yo, siguiendo el eco de esa presurosa premisa, soy el eco de mi propia vida, cualquiera que esta sea, y siendo un cualquiera a la vez. Quizá sea un pecado pensar tanto en vano, como lo es para muchos el pesarse en una báscula inmaculada; pero en esta ardiente pendiente todo es posible y parece que el único fin es tocar el fondo de una mujer vestida a la antigua, para después volver a subir. Suben los intereses, aunque la mayoría somos indiferentes, sube la inflación que nos desinfla, la moral es la misma siempre, igual que la profundidad del mar. Me dice el que cree que descubrió el hilo negro: “no te angusties, la rueda es redonda y nunca nada la podrá cuadrar, ese es el secreto”. Yo me río educadamente, como duque dichoso en un dique, y dizque valiente me enfrasco en un tarro donde guardo mis propios asuntos. Y sin embargo me muevo.

De pie en lo que considero la mitad justa (no muy convencido porque no creo alcanzar los 66) como teniendo un pie en cada lado del meridiano de Greenwich, me llegó la noticia de que todo en la vida simplemente sucede. Estoy de acuerdo en que puede haber un plan maestro (tiene que haberlo), y por eso no es bueno hacer planes, panes ni flanes. Hoy me siento sin mucho sentido, y la verdad no me importa mucho que alguien pensara de mí lo que por la mañana pensé de una mujer: “tiene un cuerpo bien conservado, pero en su rostro parece que los años se ensañaron”. Aunque en realidad nadie podría pensar eso de mí porque mi único ejercicio es respirar y escribir. B-leaf-me.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Revelaciones revueltas (adiós)

El ego inflado como un globo de Cantoya, aboyado en alguno de sus lados, que a pesar de ser pesado se despega del suelo, inflado a veces por palabras gratas de una bella puertorriqueña, y sin embargo el ego tan grande muchas veces es símbolo de inseguridad. Así es la vida, contradictoria hasta en sus contradicciones mismas. Muchos dicen misa, lamento si esperabas que hablara ahora de salchichas. Decimos muchas veces adiós porque no queremos realmente irnos. Me despido y dejo todo en claro, arreglando las confusiones para que no me caiga el telón como dicen que va a llegar el final: como monja en prisión. El que mucho se despide pocas ganas tiene de irse. Yo me quería ir mucho antes de empezarme a despedir, a ese lugar adonde todos vamos, pero ni juntos ni revueltos, para descansar de este valle de lágrimas y risas, lamento si esperabas que hablara aquí de salchichas. Embutidos en la existencia, como pasajeros del metro a la hora de salida, o de entrada, nos damos cuenta que por más que atesoremos no nos vamos a llevar nada. Nadie sale vivo de aquí. Yo intentaré llevar mi ego al vulcanizador porque vuelo, pero bien seguido me caigo, golpeándome feo, contra el suelo. Las cosas a veces se ponen color de hormiga, he visto hormigas tornasoladas y mujeres hermosas sonrojadas. Un ángel me saluda en mi camino a casa, me dice que aún no es momento y me dice hasta luego, en español. Mis pensamientos son demoníacos, porque en el fondo no me creo su santidad. Muchas veces las mujeres que aparentan dulzuras son las que gustan de decorar tu corazón con amargura, las decentes te dan las gracias, y gracias son las que las adornan. Espero que no esperaras que hablara de comida, mucho menos de salchichas. A veces siento que entre más incoherencias aparentes digo, revelo más de mí que cuando mi discurso puede ser seguido, fluido y dizque lógico, no lo hago a menudo, ¿o sí? Si me has leído mucho podrás entenderme, y mereces aplicar para santo en el Vaticano. Qué paciencia, soportar mi insolencia verbal. Job no se compara a quien atraviesa este pantano de palabras, quizás buscando diamantes, sólo espero que hayas pasado un buen momento. Yo sigo tratando de curar mi ego, que de tan enorme no me dejó admirar el paisaje. Fiel al vacío, me río, porque de lo contrario me pondría a llorar y la verdad ya me deshidraté. En mi impaciencia aprendí a ser paciente, en mi intolerancia terminé siendo indiferente. No me preguntes qué quise decir aquí, porque si me vuelves a ver lo más seguro es que lo haya olvidado. Un clavo saca a otro clavo, pero las personas no son de metal aunque se clavan muy profundamente. Siguiendo el ejemplo del quijote, al que no he leído ni creo leer, me embarco en proezas imposibles, en mundos increíbles, quizás para tener algo que decir o para presumir que yo también sufro. El faquir barrigón que come tristezas para despertar simpatías. Se oye incluso un violín de fondo, y mientras un gato se hace pasar por el alcalde de Nueva York yo espero que regrese la persona que sabe alimentar mi ego y que me ayuda a levantarme del suelo. Doy gracias a Dios por las bendiciones y le pido perdón por las quejas. Me quedaré lo que tenga que quedarme, aunque, como les sucede a todos, cada día está más cerca el final. Revelaciones revueltas.

martes, 24 de marzo de 2009

Soñando la vida

En la calle solitaria, sin nombre alguno, estaba la barbuda mujer de tres piernas que siempre quiso pilotear el Concorde. “No te hubiera reconocido sin la barba”, dijo al verla el piloto acrofóbico mientras le entregaba las llaves de su biplano bipolar, para empezar a charlar cálidamente. Por allí pasó la pequeña gitana morena, a quien le encantaba decir y hacer creer a cada persona su frase favorita: “nada es lo que aparenta”. He de confesarte que eso es cierto, hasta cierto punto. Por ejemplo, la mujer barbuda en realidad no tenía barba y tampoco tenía tres piernas, sino seis. “Debí dejar el tesoro por aquí, puedo sentirlo”, expresó el recaudador de impuestos que optó por esa profesión tras haber sido un pirata y un ladrón (no se quiso alejar mucho de la línea del negocio). El idiota existencialista, que había leído toda la enciclopedia de filosofía, estaba perdido en el laberinto de Creta, escuchando por centésima vez el Decamerón recitado por un decantado papa retirado y las Mil y una noches cantadas a ritmo de tango por Rushdie. Si descubres que la vida no es un juego, es como si chocaras contra un muro. La ruina te devora y no hay nada nuevo, sientes al fin la verdadera forma del mundo. Todos necesitamos apoyo, amor verdadero y cariño de hermanos, sólo que a veces nos desviamos a lugar que jamás quisimos y de allí no hay manera de salir ni de irnos. Lluvia salada y compañía de guitarras, vidas en vano, año tras año, todo por no ceder un poco, todo por no escuchar, ahora ya no podemos dar marcha atrás. La vida podría ser sólo un sueño, pero siempre habrá quien ansíe la vigilia, pude tratarte mal pero no quise ser tu dueño, aunque tampoco te vi sólo como amiga. Las cartas mienten a quien no se conoce, las personas ignoran al ser extraviado. El secreto de lo que deseas con el corazón, por nadie, por nadie te será revelado. Canciones tristes en troncos de palabras huecas, autocompasiones que no llevan a ningún lugar, besos y abrazos que se dan por no dejar. La vida puede no ser un juego, pero ya no importa, importa menos que sea un sueño. Lo hecho, hecho está, y no hay marcha atrás. La verdad será revelada sólo con el tiempo.

domingo, 22 de marzo de 2009

Ojalá que exista Dios

Ojalá Dios exista para que tantas plegarias no hayan sido en vano. Para que en realidad haya justicia y lo conozcan quienes falsamente lo predican. Ojalá Dios exista para que paguen cuentas las almas que tanto deben, para que tus esperanzas están fundadas en terreno sólido, para que esta vida sea más que una mala broma. Ojalá Dios exista para que vivan por siempre las canciones y las maravillas; para que se acaben todas las Iglesias y dejen de haber verdades a medias. Ojalá que Dios exista, pero que no sea un viejito de blancos cabellos y severa mirada, que su grandeza no sea imagen y semejanza de nuestra pequeñez. Que en verdad valore el amor y que no se alimente del sacrificio y dolor de sus hijos. Ojalá Dios exista para que en las catedrales haya algo de verdades y que no sean sólo monumentos a un gran fracaso. Que su poder sea tan verdadero como él, para que sepamos quienes son los lobos vestidos de ovejas. Ojalá Dios exista para que no haya purgatorio infierno ni cielo, y para que haya mucho más de lo que damos por cierto.

sábado, 21 de marzo de 2009

Solía

Solía ser una buena persona, sólo que tuvo que ir a la escuela. Solía estar lleno de inocencia, sólo que se puso a ver televisión. Terminó creyendo que el éxito tocaría a su puerta y le traería carretadas de billetes, sólo era cuestión de saber el tono con el que toca la suerte. Solía ser considerado con los demás, sólo que entró a trabajar en una gran empresa, donde las ganancias y el buen puesto son lo único que se debe conservar. Pero no hay día en que no se desgasten sus engranes, a las máquinas siempre habrá que cambiarles piezas, cuando te dicen que mejor te quedes en la calle, se te acaban los motivos para organizar fiestas. Solía soñar, pero la realidad le provocó insomnio perpetuo, ya no puede sonreír desde que descubrió la falacia de ese mundo perfecto. Solía tener ideas, sólo que el consumo le dejó la mente en blanco. Le prometieron un otoño dorado y un final feliz, pero no se lo garantizaron. La negra sigue bailando y presumiendo su sonrisa de marfil.

martes, 17 de marzo de 2009

Tres ángeles

Tres ángeles sobre un arco de piedra, no en una tienda donde quieren venderte fe o superstición enlatada a precios divinos. Un simple arco de piedra, no de los que sirven para disparar flechas que cruzan el corazón de los enamorados. El trío miraba a la gente pasar. Un domingo cualquiera, día del Señor, cuando mucha gente tiende a descansar. Es extraño que esos días suelan ser soleados y que en ellos a veces se cumplan las ilusiones familiares de niños afortunados. Muchos padres llevan a sus hijos a vivir aventuras de un solo día, de oasis laboral, que posiblemente queden en la memoria de los pequeños por muchos años. Dicen que los ángeles son seres casi perfectos, que para ellos no existe el tiempo. Si son casi perfectos y no conocen el tiempo, ¿por qué entonces envidian un poco a ciertos niños y lamentan no tener recuerdos dorados? Los arcos de piedra no disparan flechas, pero los tres ángeles salieron de allí disparados, molestos, rumbo al cielo.